El Centro Científico Tecnológico CONICET Bahía Blanca invita a participar en la Licitación Pública Nacional para la contratación del Servicio de Vigilancia en sus edificios. Retiro de Pliegos: Fecha: Del 25 al 29 de agosto de 2025. Modalidad: Vía correo electrónico: adquisiciones@bahiablanca-conicet.gob.ar. At. Eliana Guerrero Personalmente: Mesa de Entradas de la UAT, Edificio E3, CONICET Bahía Blanca, Km 7, Camino La Carrindanga, Bahía Blanca. Visita Previa: Fecha y hora: 2 de septiembre de 2025, a las 10:00 horas. Importante: La visita previa es un requisito indispensable para presentar una oferta. Consultas: Las consultas se recibirán vía correo electrónico a: adquisiciones@bahiablanca-conicet.gob.ar. At. Eliana Guerrero; o al Teléfono de contacto: (291) 403-7182. Recepción de Ofertas: Fecha límite: 15 de septiembre de 2025, hasta las 11:00 horas. Lugar: Mesa de Entradas de la UAT, Edificio E3, CONICET Bahía Blanca. Apertura de Ofertas: Fecha y hora: 15 de septiembre de 2025, a las 11:00 horas. Lugar: Sala de Reuniones de la UAT, CONICET Bahía Blanca.
Del 1 al 12 de septiembre, el CONICET Bahía Blanca llevará a cabo una nueva edición de la Semana de la Ciencia y la Tecnología. El evento incluirá más de 65 actividades gratuitas para todos los niveles educativos —desde inicial hasta universitario— y también para el público en general. La propuesta busca acercar la ciencia a la comunidad a través de charlas, talleres, visitas guiadas, recorridos interactivos y demostraciones experimentales en los institutos del Centro Científico Tecnológico CONICET Bahía Blanca y en los complejos Palihue y Alem de la UNS. También habrá posibilidad de coordinar visitas de científicas y científicos a escuelas. “Cada año abrimos las puertas de nuestros laboratorios para compartir lo que hacemos y cómo impacta en la vida cotidiana. Es una oportunidad única para despertar vocaciones científicas y promover el diálogo con la sociedad”, destacaron desde la organización. Entre las actividades de los institutosy grupos de investigación se encuentran talleres para los más pequeños, como “Aprendemos sobre el mosquito, prevenimos el dengue” o “Científicos por un día”; propuestas para secundarios, como “¿No hay más remedio? ¡A fabricarlo!” de PLAPIQUI y charlas del IIESS sobre educación, ambiente y economía local; y actividades para universitarios y público general, como “Encontrando matemática en cosas de todos los días” del INMABB, “La vida de las tortugas marinas y su viaje al Estuario de Bahía Blanca” del IADO, o experiencias inmersivas en biología celular a cargo del INIBIBB. La programación también incluye recorridos históricos y talleres sobre memoria, derechos humanos y patrimonio regional, lo que permite que la ciencia dialogue con las humanidades y las ciencias sociales. ¿Cómo participar? Ingresando a nuestra web 👉 semanacyt.bahiablanca.conicet.gov.ar, donde podrán explorar todas las propuestas disponibles. Las actividades se pueden buscar por instituto, público destinatario o área temática. Una vez seleccionada la actividad de interés, deberán comunicarse directamente con el/la coordinador/a que figura en la descripción para realizar la inscripción y coordinar los detalles. La Semana de la Ciencia y la Tecnología se realiza en Bahía Blanca de manera ininterrumpida desde hace más de 20 años, con el objetivo central de fomentar las vocaciones científicas y tecnológicas en niños, niñas, jóvenes y el público en general, promoviendo el diálogo entre ciencia y sociedad. Cada edición se distingue por su carácter participativo, inclusivo y creativo, acercando la ciencia desde múltiples disciplinas y en formatos dinámicos e interactivos.
La plataforma web MammoInsight busca revolucionar el diagnóstico temprano mediante algoritmos avanzados, aliviando la carga de los especialistas y estandarizando la calidad en la evaluación médica El proyecto es liderado por Ernesto Rafael Perez, CPA del CONICET en el QUIBA-NEA. FOTO: CONICET Nordeste Un equipo de especialistas del CONICET está desarrollando MammoInsight, una plataforma web que utiliza modelos de inteligencia artificial para el análisis de mamografías digitales y la detección temprana del cáncer de mama. La iniciativa busca ofrecer una herramienta que aumente la precisión de los diagnósticos, alivie la carga de trabajo del personal de salud y facilite el acceso a evaluaciones de alta calidad. El proyecto es liderado por Ernesto Rafael Perez, profesional de la Carrera del Personal de Apoyo del CONICET en el Instituto de Química Básica y Aplicada del Nordeste Argentino (IQUIBA-NEA, CONICET – UNNE). La propuesta ha sido presentada en distintos concursos y fue finalista en el Premio IA Transformadora 2024 y en Ideatón Salud 2023 de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEME). La plataforma de MammoInsight está diseñada para analizar mamografías automáticamente, generando información clara para asistir a los profesionales de la salud en la toma de decisiones. “El objetivo es no solo mejorar la eficiencia, sino que también estandarizar la calidad de la evaluación médica en todos los centros de salud, aumentando las posibilidades de detección temprana y, por lo tanto, mejorando las tasas de supervivencia de los pacientes”, señala el líder del proyecto, Ernesto Rafael Perez. Mediante la incorporación de esta herramienta al sistema de salud, se puede aumentar la precisión en los diagnósticos, gracias a algoritmos avanzados que minimizan los errores y ofrecen resultados más confiables. De esta manera, se puede lograr automatizar parte del análisis de las mamografías, lo que aliviana la carga de trabajo para el personal de salud y permite centrar la atención en los casos más complejos. Además, la plataforma facilita el acceso a una herramienta estandarizada y accesible en cualquier centro de salud, garantizando evaluaciones consistentes y de alta calidad para todas las pacientes. El objetivo principal es mejorar las tasas de supervivencia a través de una detección temprana y eficiente. Los desarrolladores del proyecto también tuvieron en cuenta la protección de la privacidad y la seguridad de los datos médicos. “Todos los análisis y procesos están diseñados bajo estrictos estándares de seguridad, garantizando que la información médica de las pacientes esté protegida en todo momento”, señala Pérez y asegura que no se utilizan datos para entrenar los modelos de IA sin el consentimiento explícito de las personas involucradas y que solo los profesionales de la salud autorizados tienen acceso a los resultados. Actualmente, el proyecto se encuentra en la fase de pruebas e integración de módulos del sistema. El equipo de investigación está desarrollando una base sólida de investigación científica que permite crear algoritmos eficaces e innovadores en salud, modelos de inteligencia artificial funcionales, herramientas predictivas basadas en datos clínicos y aplicaciones. La iniciativa cuenta con una infraestructura híbrida segura que combina servidores locales y en la nube, además de dominios registrados y está estableciendo contactos estratégicos a través de la Oficina de Vinculación Tecnológica del CONICET Nordeste. Un componente clave de este desarrollo es el Subconjunto de datos de entrenamiento de MammoInsight para la clasificación de malignidad en mamografías, un dataset crucial para entrenar y validar el modelo de clasificación de malignidad de la plataforma. Este conjunto de datos está disponible en el Repositorio Institucional CONICET Digital. Referencia bibliográfica: Perez, Ernesto Rafael; Angelina, Emilio Luis; Peruchena, Nelida Maria; Gómez Chávez, José Leonardo; Conti, German Andrés; Zalazar, Maria Fernanda; Duarte, Darío Jorge Roberto; (2024): Subconjunto de datos de entrenamiento de MammoInsight para la clasificación de malignidad en mamografías. http://hdl.handle.net/11336/236898 . Por Cecilia Fernández Castañón – CCT Nordeste
A partir de un convenio firmado a fines de 2024, la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI, CONICET–UNS) y la Fundación Banco de Plásticos desarrollan proyectos conjuntos de cooperación científica y tecnológica, con el objetivo de optimizar procesos de reciclaje y promover la reinserción de plásticos en circuitos productivos bajo los principios de la economía circular. Yamila V. Vazquez (izq.) y Yanela N. Alonso (der.), de la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI, CONICET-UNS), y Francis van Lierde (centro), de la Fundación Banco de Plásticos. Fotografía/CONICET: Verónica Tello Marcos Volpin, Yesica S. Dilernia, Yanela N. Alonso, Silvia E. Barbosa, Luciana A. Castillo, Teresa Dutari y Yamila V. Vazquez, de la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI, CONICET-UNS). Equipo de la Fundación Banco de Plásticos: Gustavo Protomastro, Agustina Vazquez Acuña, Carlos Briones, Mario Tonelli y Francis van Lierde. PLAPIQUI (CONICET-UNS) y la Fundación Banco de Plásticos coorganizaron recientemente el webinar “Plásticos difíciles de reciclar: del problema a la innovación” del que participaron especialistas de Argentina y del exterior. PLAPIQUI (CONICET-UNS) y la Fundación Banco de Plásticos coorganizaron recientemente el webinar “Plásticos difíciles de reciclar: del problema a la innovación” del que participaron especialistas de Argentina y del exterior. PLAPIQUI (CONICET-UNS) y la Fundación Banco de Plásticos coorganizaron recientemente el webinar “Plásticos difíciles de reciclar: del problema a la innovación” del que participaron especialistas de Argentina y del exterior. La Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI, CONICET–UNS) y la Fundación Banco de Plásticos fomentan la reinserción de desechos plásticos reciclados en circuitos productivos bajo los principios de la economía circular. Cada año se generan 400 millones de toneladas de plástico a nivel mundial, del cual se recicla menos de un 10 por ciento. En Argentina, el consumo anual de plásticos alcanza aproximadamente 1.900.000 toneladas, lo que representa 40 kilos por habitante al año, un número inferior al de países desarrollados como Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, solo se recicla el 15 por ciento. Con el fin de brindar soluciones a esta problemática en el país orientadas al reciclado de desechos plásticos y su reutilización para el desarrollo de productos de alto valor agregado que respondan a necesidades de la industria a través de la perspectiva de las economías circulares, a fines de 2024 se firmó un convenio que establece vínculos de cooperación científica y tecnológica entre la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI, CONICET–UNS) con sede en Bahía Blanca y la Fundación Banco de Plásticos. “El reciclaje y la sostenibilidad de los plásticos exigen una mirada integral y articulada entre la ciencia, la industria y la sociedad. La Fundación Banco de Plásticos trabaja en esa dirección, impulsando soluciones innovadoras —como los bonos de plástico— que abordan problemáticas concretas a lo largo de la cadena de valor del plástico. Y en PLAPIQUI trabajamos desde hace más de 20 años en reciclado y sostenibilidad de plásticos, por lo que esta alianza representa una sinergia altamente productiva”, afirma Silvia Barbosa, investigadora del CONICET, líder del Grupo de Envases y Sostenibilidad de PLAPIQUI y vicedirectora de PLAPIQUI. De acuerdo con Barbosa, quien es doctora en Ingeniería Química, la alianza articula las capacidades científico-tecnológicas de PLAPIQUI con las demandas reales de la industria plástica. “Esta alianza nos permitirá avanzar en desafíos clave como aumentar la proporción de plástico reciclado mediante la valorización combinada de residuos, desarrollar estrategias de economía circular efectivas y replicables adaptadas a nuestro contexto, y diseñar tecnologías innovadoras para el tratamiento de residuos específicos”, explica. En esa línea Yamila Victoria Vazquez, investigadora del CONICET y también doctora en Ingeniería Química en el Grupo de Envases y Sostenibilidad de PLAPIQUI, señala que “la complementariedad entre ambas instituciones fue la razón principal que motivó la firma del acuerdo, que hoy formaliza una colaboración orientada a generar impacto real y sostenible”. Por su parte Carlos María Briones, presidente de la Fundación Banco de Plásticos, enfatiza que el creciente impacto ambiental de los materiales, incluido el caso de los plásticos, requiere soluciones urgentes e integrales. “Desde la Fundación trabajamos para aumentar la tasa de reciclaje de los plásticos, en un escenario donde la industria del reciclado enfrenta importantes desafíos: baja rentabilidad y falta de reglamentación”, explica. Y continúa: “La firma del convenio con PLAPIQUI surge de la importancia de sumar y difundir conocimiento científico y tecnológico al sector. Esta sinergia busca contribuir al desarrollo de la industria nacional de reciclaje de plásticos, incorporando innovación, transferencia de conocimiento y soluciones técnicas que permitan reducir el impacto ambiental del plástico en los océanos y en los continentes”. Para Francis van Lierde, ingeniero industrial, cofundador de la Fundación Banco de Plásticos y director de Cabelma, una empresa dedicada a la fabricación y reciclado de envases plásticos para la industria y el campo, “los proyectos conjuntos con PLAPIQUI buscan aportar soluciones concretas a los desafíos que enfrenta tanto la industria recicladora como la generadora de plásticos. Es fundamental que el conocimiento científico se traduzca en herramientas y mejoras aplicables en la práctica”. Más de 20 años de experiencia en sostenibilidad de plásticos En PLAPIQUI se trabaja en sostenibilidad de plásticos desde hace más de 20 años en las distintas áreas involucradas en la gestión integral de residuos plásticos de diferentes sectores, la cuantificación, la logística, la separación, la minimización y la valorización. “En ese sentido, se han determinado cantidad y calidad de residuos de distintas ciudades y corrientes de plásticos, se han diseñado sistemas de logística y herramientas específicas para envases de fitosanitarios, y se han propuesto sistemas de separación diferenciada para mejorar el reciclado en circuitos gastronómicos. En estos circuitos, también se ha trabajado en propuestas para minimizar la cantidad de desechos a partir del cambio de paradigma”, indica Barbosa. En esa dirección, especialistas del CONICET del PLAPIQUI trabajan en líneas de ecodiseño aplicadas a envases plásticos minimizando la cantidad de material usado sin disminuir las prestaciones y focalizándose en el uso de un mismo material siempre que se pueda. “Respecto de la valorización de los residuos, se han desarrollado compatibilizantes y tecnologías para compatibilizar mezclas de plásticos de modo …
Especialistas del CONICET crearon una herramienta basada en ARN de interferencia que ofrece una alternativa precisa y biodegradable para un problema que causa pérdidas multimillonarias a nivel mundial. Un equipo del CONICET desarrolla un biopesticida para combatir al vector del HLB. FOTO: Gentileza investigadores El bioinsecticida permite controlar de manera específica y selectiva al Diaphorina citri. FOTO: Gentileza investigadores El HLB causa pérdidas multimillonarias en la industria citrícola de más de 65 países, entre los que se encuentra Argentina. María José Blariza, investigadora del CONICET en el IBS, es una de las integrantes del equipo que desarrolla el biopesticida . FOTO: Gentileza investigadores El equipo liderado por investigadores del CONICET impulsa la conformación de una Empresa de Base Tecnológica (EBT). FOTO: Gentileza investigadores Un equipo liderado por especialistas del CONICET ha logrado avances significativos en el desarrollo de un biopesticida para combatir al insecto vector del Huanglongbing (HLB), la enfermedad más destructiva de los cítricos. La iniciativa ofrece una solución sostenible frente a las pérdidas multimillonarias que el HLB ha causado en la industria citrícola de más de 65 países, entre los que se encuentra Argentina. Actualmente, el control del HLB se basa en el uso de pesticidas químicos que contaminan el suelo y el agua, generan resistencia a insecticidas y exterminan especies de insectos beneficiosas. La propuesta desarrollada por el equipo del Instituto de Biología Subtropical de Misiones (IBS, CONICET – UNaM) se centra en el desarrollo de biopesticidas basados en la tecnología de ARN de interferencia (RNAi), una tecnología que permitirá una drástica reducción del uso de agroquímicos y que podría tener aplicaciones para distintas enfermedades vectoriales. El bioinsecticida permite controlar de manera específica y selectiva al insecto vector del HLB, llamado Diaphorina citri, sin afectar a otros insectos beneficiosos para las plantas. “Lo que buscamos es dirigir un mensaje genético que solo puede ser interpretado por la especie objetivo. Entonces, con este mensaje de autodestrucción logramos interferir en la actividad de ese gen”, detalla Marcos Miretti, investigador del CONICET en el IBS y uno de los líderes del proyecto. Esta tecnología utiliza el propio sistema de defensa del insecto para amplificar la señal y cortar el fragmento de ARN. “A diferencia de los pesticidas químicos, estos biopesticidas son biodegradables, no dejan rastros en el ambiente y no contribuyen a la generación de resistencia”, destaca María José Blariza, investigadora del CONICET en el IBS y otra de las integrantes del equipo. Del laboratorio a la empresa Este desarrollo comenzó a consolidarse después de que los investigadores participaran de distintos procesos de aceleración con fondos para startups, como SF500, que impulsaron a la creación de un proyecto para la conformación de una Empresa de Base Tecnológica (EBT). Este paso será fundamental para trasladar el conocimiento científico generado en los laboratorios del CONICET a soluciones concretas para la sociedad argentina y global. Cabe señalar que el proyecto surgió de investigaciones y servicios de diagnóstico de enfermedades vectoriales previamente realizados en el laboratorio, y en base a la experiencia adquirida por los investigadores en interferencia de genes de insectos vectores de distintas enfermedades. Estos pasos previos fueron los que posibilitaron que el grupo pueda desarrollar un biopesticida que ha validado la prueba de concepto. También se han realizado pruebas con pulverizaciones sobre insectos, tanto en el laboratorio del Grupo de Investigación en Genética Aplicada (GIGA) del IBS en Misiones como en la Estación Experimental Agropecuaria Bella Vista del INTA, en Corrientes, donde el grupo de Citrus es el referente en HLB. Los resultados han comprobado la disrupción efectiva de la actividad génica en el vector. Algunos de los próximos pasos son la validación de la tecnología de encapsulación para proteger el compuesto de las condiciones climáticas y ampliar la evaluación en campo, así como obtener el registro del producto. Potencial para otras enfermedades El potencial de la tecnología con la que están trabajando los investigadores del CONICET se extiende más allá del HLB. Si bien la estrategia inicial se ha focalizado en el vector de esta enfermedad, la plataforma de RNAi puede aplicarse a otras plagas importantes incluyendo a vectores de enfermedades humanas. Este trabajo representa un claro ejemplo de cómo la investigación básica y aplicada puede converger para generar soluciones tangibles con un gran impacto social. “Es muy satisfactorio ver que nuestro trabajo de tantos años puede ayudar a la sociedad de manera concreta. Sabemos lo que sufren los productores citrícolas cuando son atacados por el HLB porque tienen que quemar todas las plantas. Pierden sus plantaciones y el sustento para sus familias. Entonces, ver que las investigaciones a las que les hemos dedicado tantos años se convierten en una respuesta para eso, es muy gratificante”, resalta Blariza. Miretti, por su parte, destaca que este desarrollo es el resultado de una acumulación de experiencia y un proceso de largo aliento. A su vez, resaltó el efecto motivador que tiene el proceso de creación de una EBT para los becarios y tesistas que trabajan con ellos en el laboratorio, al ver que las investigaciones pueden ir más allá de lo académico y generar startups con impacto real. “Estamos atravesando un proceso muy motivador en el laboratorio que esperamos que pueda continuar y seguir creciendo”, concluye. Por Cecilia Fernández Castañón – Área de Prensa y Divulgación Científica CONICET Nordeste
Un equipo internacional liderado por científicos del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB, CONICET-UNS) y la Universidad de Lisboa logró demostrar cómo una sola neurona puede iniciar y regular un comportamiento motor complejo en Drosophila melanogaster, la mosca de la fruta. El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se focalizó en el comportamiento de pupariación, una conducta estereotipada innata mediante la cual las larvas se adhieren a una superficie y modifican la forma de su cuerpo preparándose para iniciar la metamorfosis. Los comportamientos innatos, como el de pupariación o el reflejo de succión de los bebés al nacer, no requieren de aprendizaje ni experiencia previa para su realización. Están genéticamente codificados y dependen de circuitos neuronales específicos. Sin embargo, los mecanismos estructurales y funcionales que subyacen a esos circuitos aún no se conocen del todo. ¿Están conformados por muchas o pocas neuronas? ¿Son flexibles y adaptables, o rígidos? ¿Cumplen una única función a lo largo de la vida o cambian con el tiempo? Un par de neuronas controla un comportamiento motor complejo en la mosca de la fruta. En la imagen, el cerebro y la cuerda ventral de una larva de Drosophila. Garelli y equipo en el laboratorio – INIBIBB Mediante una búsqueda genética y herramientas de análisis del comportamiento, los investigadores mostraron que existen tres fases motoras diferentes en la pupariación e identificaron un única neurona que, al activarse, dispara la secuencia de movimientos necesaria para una de estas fases. Esta neurona no sólo envía señales directas, sino que también modula la actividad de otras neuronas a través de la liberación de un neuropéptido llamado Mip. Esta acción neuromoduladora permite que el circuito se ajuste y ejecute los movimientos con precisión. Este trabajo muestra que para entender cómo funciona un circuito neuronal no basta con conocer las neuronas involucradas y sus conexiones: es indispensable también comprender cómo las señales químicas —los neuromoduladores— modifican la forma en que esas neuronas interactúan entre sí. Este nivel de control es clave para generar comportamientos flexibles y adaptativos. El uso de Drosophila como modelo experimental permite abordar estas preguntas con una resolución que es más difícil de alcanzar en animales con cerebros más complejos. A pesar de su simplicidad, el sistema nervioso de esta mosca comparte muchos principios de organización con el de los vertebrados, por lo que estos descubrimientos ofrecen claves fundamentales para entender cómo funcionan los circuitos neuronales y el cerebro en general. “El trabajo muestra cómo un circuito relativamente simple puede ser altamente flexible gracias al control neuromodulador”, explica Andrés Garelli, investigador del CONICET y uno de los responsables del estudio, junto con el Dr. Alisson Gontijo de la Universidad de Lisboa. Este tipo de hallazgos contribuye a desentrañar los principios que permiten al sistema nervioso generar comportamientos complejos, y abren nuevas líneas de investigación sobre cómo distintas señales químicas modelan la dinámica de los circuitos neuronales. Enlace: https://www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.2420452122 El trabajo fue realizado por Magdalena Fernandez-Acosta y Rebeca Zanini como primeras autoras. Participaron investigadores de la Universidad Nacional del Sur y la Universidad de Lisboa, así como colaboradores de Francia y Alemania.
La inclusión del Ganoderma lucidum, conocido como Reishi, al Código Alimentario Argentino representa un hito en la producción de alimentos con propiedades alimenticias y beneficios para la salud. Ganoderma lucidum crecimento sobre sustrato elaborado con residuos agroindustriales Pablo Postemsky y Ramiro Gonzalez Matute evalúan cultivos de reishi en condiciones controladas para su producción local sostenible Ramiro Gonzalez Matute en el LBHCyM Maximiliano Bidegain realizando tareas de control de producción. El Reishi, utilizado durante milenios en Asia por sus propiedades medicinales antioxidantes, antiinflamatorias y estimulantes del sistema inmunológico, ahora cuenta con reconocimiento oficial en Argentina para su procesamiento y consumo como alimento. Esta incorporación al Código Alimentario Argentino (CAA) habilita el desarrollo de nuevos productos nutracéuticos, como harinas, extractos e infusiones, y fue posible gracias al trabajo conjunto de científicos del CONICET en el Laboratorio de Biotecnología de Hongos Comestibles y Medicinales del Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida (LBHCyM- CERZOS, CONICET-UNS), una empresa del sector privado dedicada a la producción de hongos, y el acompañamiento técnico y legal de la Oficina de Vinculación Tecnológica del CONICET Bahía Blanca. “Esta inclusión refleja años de investigación y desarrollo sobre el Ganoderma. Ahora podemos llevar sus beneficios a la población y fomentar su producción sostenible”, señaló Pablo Postemsky, investigador del CONICET y líder del proyecto.. El LBHCyM viene desarrollando investigaciones sobre el Reishi desde hace más de una década. Junto con sus líneas de investigación básica, también impulsa acciones de transferencia tecnológica y brinda asesoramiento a emprendimientos interesados en la producción y el desarrollo de productos nutracéuticos a base de Reishi. En ese marco, el equipo no solo estudia el potencial funcional del Reishi, la caracterización del cultivo del hongo en condiciones controladas y diseña pruebas para optimizar los procesos de producción a escala industrial, sino que también ha logrado desarrollar tecnologías de cultivo adaptadas a condiciones locales,que utilizan residuos agroindustriales como sustrato, lo que permite reducir costos y minimizar el impacto ambiental. “No solo es un recurso valioso para la industria alimentaria, sino también una oportunidad para pequeños productores y emprendedores que buscan diversificar el mercado con productos innovadores”, remarcó Maximiliano Bidegain, también investigador del CONICET e integrante del equipo. La Oficina de Vinculación Tecnológica del CONICET Bahía Blanca acompañó el proceso de presentación ante las autoridades regulatorias y brindó asesoramiento técnico y legal a las empresas involucradas. Finalmente, la inclusión del Ganoderma lucidum en el CAA fue oficializada a través del Boletín Oficial del pasado 26 de marzo. “La inclusión del Reishi al Código Alimentario es solo el comienzo. Ahora estamos trabajando en el desarrollo de productos accesibles que combinen sus propiedades únicas con las necesidades de los consumidores”, anticipó Postemsky. Del conocimiento al marco regulatorio El artículo 1249 bis del CAA, incorporado en 2023, establece condiciones específicas para el consumo seguro de distintas especies de hongos comestibles. Esta actualización fue impulsada por el Centro de Investigación y Extensión Forestal Andino Patagónico (CIEFAP) junto con el Ministerio de Salud de Río Negro, con el objetivo de prevenir riesgos derivados del desconocimiento sobre la preparación o consumo excesivo de ciertos hongos. Entre otras disposiciones, la normativa exige el etiquetado adecuado para aquellas especies que puedan generar intolerancias si se consumen en exceso. La reciente incorporación del Reishi se inscribe en este marco, permitiendo su producción y comercialización en condiciones reguladas, y abriendo nuevas posibilidades para la industria de los alimentos funcionales en Argentina- Este avance, además, promueve la innovación tecnológica en procesos de producción y postcosecha. Sobre el LBHCyM El Laboratorio de Biotecnología de Hongos Comestibles y Medicinales (LBHCyM, CERZOS, CONICET – UNS) está conformado por un equipo interdisciplinario que estudia la valorización de residuos agrícolas con el uso de microorganismos, las propiedades nutricionales y medicinales de hongos cultivables y el desarrollo de mejoras tecnológicas en el manejo del cultivo de hongos comestibles. Atendiendo a demandas regionales y nacionales desarrollan líneas de investigación básica y aplicada y actividades de transferencia con el fin de realizar selección de germoplasma, optimización de condiciones de cultivo, evaluación de propiedades funcionales, caracterización de biomasa y evaluar posibles aplicaciones biotecnológicas de bioprocesos. Por su trayectoria, es uno de los laboratorios de referencia en formación y acompañamiento de emprendimientos productivos, además posee un servicio de provisión de bioinsumos y participa de proyectos con otras entidades académicas y de extensión.
En el aniversario del nacimiento del fundador del CONICET, el investigador Bernardo Houssay, un repaso por algunos avances que impactan en salud, educación, agro, energía, alimentos y otros ámbitos. Bernardo Houssay fue médico, farmacéutico y el primer científico latinoamericano ganador de un Premio Nobel -el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, en 1947- y, además de forjar una carrera brillante estudiando el comportamiento de la diabetes, fundó en 1958 el CONICET. En honor a su nacimiento, cada 10 de abril en Argentina se conmemora el Día del Investigador Científico. “No deseo estatuas, placas, premios, calles o institutos cuando muera; deseo que mi país contribuya al adelanto científico y cultural del mundo actual, que tenga científicos cuya obra sea beneficiosa para la especie humana”, dijo Houssay. Más de medio siglo después, investigadores del Consejo de las diversas disciplinas científicas enaltecen aquellas palabras, desarrollando investigaciones de alto impacto, para solucionar problemas de la sociedad en áreas clave como salud, alimentos, energía, educación, agro, entre muchas otras. Desde el ámbito de la biotecnología, la historia de María Pía Taranto es un ejemplo: hace apenas unos años, la científica del CONICET en el Centro de Referencia para Lactobaciulis (CERELA) logró que el fruto de veinte años de investigación desembarcara en las góndolas de todos los supermercados del país. Taranto es una de las creadoras de CRL1505: una bacteria láctica que sirve para reforzar las defensas del cuerpo, actúa como probiótico y fue incorporada a la fórmula de Yogurito, el yogur de la empresa Danone. En su packaging, este yogur con probióticos que llegó al mercado masivo de alimentos lleva impreso el logo del CONICET. “Al verlo siento una profunda satisfacción ya que representa el impacto que la ciencia puede tener en la vida cotidiana, llevando innovación y salud a las personas, que es el propósito que todo científico anhela: poder transformar el resultado de años de investigación científica y tecnológica en soluciones para la sociedad a la que pertenecen -asegura Taranto, que a partir de su experiencia de asociación virtuosa entre los sectores científicos y productivos, destaca la importancia de esta sinergia entre entre el ámbito científico y de la industria para el desarrollo del país. “Considero que esta experiencia es un ejemplo de cómo un proyecto destinado a una población específica, que originalmente era para niños de escuelas públicas, puede evolucionar hacia un producto accesible para toda la comunidad con beneficios para la salud, científicamente comprobados. Yogurito no solo mejora la vida de las personas contribuyendo al fortalecimiento de su sistema inmunológico, sino que también evidencia cómo la ciencia puede contribuir al bienestar social de manera tangible”, concluye. Otro caso es el de Andrés Wigdorovitz, investigador del CONICET y fundador de la empresa biotecnológica Bioinnovo SA del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Laboratorio Vetanco, que comenzó su carrera investigando temas asociados al diagnóstico y prevención en salud animal y terminó desarrollando vacunas, kits de diagnóstico y anticuerpos en enfermedades que afectan seriamente el sector agropecuario. De hecho, fue uno de los creadores de la primera vacuna contra el Virus de la Diarrea Viral Bovina -una enfermedad que afecta a los terneros recién nacidos y es una de las principales causas de muerte a nivel mundial-, que en cuatro años en el mercado ya lleva millones de dosis aplicadas y logró una disminución de la mortalidad de hasta un 33 por ciento. “Esta vacuna tuvo un alcance muy positivo en los usuarios. No existía nada igual en el mercado mundial y lo que vimos fue que la adoptó totalmente el mercado, los tambos, los productores, y hoy se convirtió en una vacuna que usan la mayoría de los productores tecnificados”, asegura el científico. “Como investigador siempre quise que lo que generemos sirva y se utilice, así que lo que siento es mucha alegría por esta experiencia. Es un poquito de mimo al corazón y una parte de devolución por haber aprendido y desarrollado mi carrera en el ámbito público. Es como la frutilla del postre”, agrega. Paula Schaiquevich, investigadora del CONICET, trabaja desde la Unidad de Tratamientos Innovadores del Hospital Garrahan que dirige para encontrar una posible vía de detección para el tratamiento para el retinoblastoma metastásico: un tipo de cáncer de ojo pediátrico más común que existe, que afecta a uno de cada 17 mil nacidos vivos en el mundo, y en Argentina se detectan casi cincuenta nuevos casos por año en menores de 15 años. El retinoblastoma se puede eliminar cuando se detecta en forma temprana y suele ser sensible a la quimioterapia; sin embargo, el pronóstico empeora si el cáncer se disemina principalmente al sistema nervioso central: en esos casos, hasta 9 de cada 10 pacientes no logra curarse pese a la quimioterapia, la radioterapia y la cirugía. Por eso es importante su detección precoz. “Es imprescindible avanzar en el conocimiento de por qué se disemina el tumor, determinar los factores de riesgo moleculares que controlan ese proceso. Los modelos preclínicos que logramos generar serán útiles para evaluar nuevas terapéuticas y finalmente, encontrar nuevos tratamientos para esta población que hoy carece de alternativas”, señala la científica. Pedro Zubizarreta, médico pediatra, jefe del Servicio de Hematología y Oncología del Garrahan y parte del proyecto, sostiene que “contar con grupos de investigación del CONICET desde hace más de 15 años dentro del hospital ha sido muy beneficioso para aplicar terapias efectivas a los pacientes pediátricos con retinoblastoma intraocular. Este trabajo interdisciplinario permite que la ciencia ayude a resolver desafíos que enfrentamos en la clínica”. Por su parte, Celia Rosemberg, investigadora del CONICET en el Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Psicología Matemática y Experimental “Dr. Horacio J. A. Rimoldi” (CIIPME), transmite: “Ver que a partir de nuestro programa de alfabetización muchos niños empiezan a comunicarse con más confianza, a ampliar su vocabulario, a hacer preguntas, a contar cosas, a leer y escribir, es emocionante”. Desde hace treinta años, estudia el desarrollo lingüístico y cognitivo infantil y coordina de un proyecto de alfabetización temprana impulsado en conjunto con la Organización de los Estados Americanos (OEA) y UNICEF que se aplica en …
Un grupo de arqueólogos, un científico experto en clima y una antropóloga que centran sus trabajos en cuestiones relacionadas a las Islas. veteranos de la guerra de Malvinas y salud mental” durante una intervención en el campo de batalla (foto: gentileza investigadores) La corriente de Malvinas, una corriente marítima estudiada por científicos del CONICET por su papel decisivo en el clima global. Reconstrucción de una trinchera realizada con fotogrametría en el marco del trabajo antropológico “Los rostros y la savia de Malvinas” El 2 de abril de 1982, las Fuerzas Armadas Argentinas desembarcaron en las Malvinas y comenzaron una guerra contra Gran Bretaña para recuperar las Islas. Fue la única guerra internacional de la que participó la República Argentina durante el siglo XX. A cuarenta y tres años de ese combate que duró setenta y cuatro días, en el que participaron casi veinticuatro mil soldados argentinos, científicos del CONICET relacionan sus líneas de estudio con algún aspecto de este fragmento de historia o de la geografía desde diversas disciplinas. Uno de ellos es “Los rostros y la savia de Malvinas”: un proyecto antropológico interdisciplinario liderado por la investigadora del CONICET del Centro de Investigaciones Sociales (CIS, CONICET-IDES), Rosana Guber, que se inició en septiembre de 2022 y cruza la antropología social, la arqueología, los estudios militares y la historia. En 2023, en el marco de este proyecto, se hicieron dos viajes que incluyeron la primera campaña arqueológica argentina en las Islas Malvinas, y que se llevó a cabo en dos montes en los que tuvieron lugar los combates de Mt. Longdon (11-12/6) y Mt. Tumbledown (13-14/6). En el transcurso de esta investigación, se llevó a cabo trabajo de campo etnográfico en el continente con veteranos de guerra y ex soldados, revisión de archivos institucionales y de asociaciones, análisis de imágenes y arqueometría, mapeo de puntos georeferenciados en terreno, reproducción de imágenes de construcciones por fotogrametría, modelados 2D y 3D, análisis cualitativo y cuantitativo de rasgos y estructuras del sitio, construcción de base de datos espaciales, y análisis de teledetección de ambos montes. Sumado a entrevistas, conversaciones, reuniones, revisión de reglamentos y manuales militares de época, material hemerográfico, redes temáticas, toda esta labor está permitiendo la redacción de una etnografía histórica, Monte Longdon: el combate definitivo de la guerra de Malvinas, que ya ha sido comprometida a una editorial de amplia circulación nacional e internacional. Este volumen será la primera reconstrucción integral de un combate internacional contemporáneo protagonizado por la República Argentina, desde la perspectiva de los distintos segmentos sociales que integraron las fuerzas armadas del país, según su rango, posición geográfica, arma, fuerza, especialidad e inserción en cada nivel de la organización militar. “Este cuadro integra la reconstrucción del combate propiamente dicho, con la reconstrucción de las condiciones de la estadía de casi dos meses que le antecedió (15/4 al 14/6/1982). Resulta de ello un panorama de gran complejidad que excede la organización castrense de entonces, para iluminar características del Estado argentino y su relación con la sociedad. Además, y por primera vez, se están utilizando imágenes de dron de la investigación para reproducir con impresoras 3D, escenas de tipo ´diorama´ vividas en el Monte”, comenta Guber. Asimismo, desde el campo de la rama de la oceanografía, el investigador del CONICET del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA) Martín Saraceno estudia desde hace muchos años la Corriente de Malvinas (CM): una corriente del océano que nace en las islas que le dan su nombre. La CM transporta hacia el norte masas de agua fría y muy ricas en oxígeno y nutrientes hasta toparse, aproximadamente a la altura de Mar del Plata, con la Corriente de Brasil (CB), mucho más cálida y salina. Es una corriente marina de crucial importancia para la región sudamericana por sus repercusiones sobre el clima, la pesca y los ecosistemas patagónicos. “Influye en el clima que sentimos en el continente, porque su flujo transporta el calor y la salinidad necesarios para mantener cierto equilibrio y redistribuir la energía solar que llega en exceso al Ecuador y en mucho menor medida a los polos”, advierte Saraceno. Para el científico, es necesario estudiar de cerca la CM ya que las variaciones en el clima están haciendo migrar la confluencia de la CB con la CM hacia el sur y se están haciendo más cálidas las aguas en la gran mayoría de la región. “Eso puede cambiar a futuro la dinámica de los ecosistemas de la región -dice-. Hay que ver, por ejemplo, qué especies pueden seguirse adaptando a estas nuevas condiciones y cuáles no, para lograr, entre otras cosas, un manejo sustentable de los recursos naturales del océano”. Además, desde el campo de la arqueología y la salud mental, un equipo de investigadores del CONICET pertenecientes al Equipo de Arqueología Memorias de Malvinas (EAMM), el Grupo de Estudios de Arqueología Histórica de Frontera (GEAHF) y el Centro de Estudios de Arqueología y Antropología del Conflicto (CEAAC) están llevando adelante, desde 2022, una experiencia pionera en Latinoamérica para evaluar el potencial terapéutico de la práctica arqueológica en torno a la salud mental de los veteranos de la guerra de Malvinas. Retomando experiencias similares desarrolladas en Europa y Estados Unidos, crearon el proyecto “Arqueología, veteranos de la guerra de Malvinas y salud mental” en conjunto con especialistas del campo de la salud mental del Centro de Salud “Veteranos de Malvinas” del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas que trabajan desde 2004 en la atención psicológica y psiquiátrica del stress postraumático de guerra que sufren nuestros ex combatientes. “Hasta el momento, hemos desarrollado cuatro primeras experiencias arqueológicas de campo junto a veteranos: tres de estas se desarrollaron en campos de batalla de Pavón, Vuelta de Obligado y La Verde, y una en el Fortín Miñana”, señala el historiador del CONICET Sebastián Ávila, uno de los coordinadores del proyecto. “Según señalaron los estudios realizados por profesionales de salud mental, luego de las cuatro experiencias desarrolladas los resultados preliminares arrojan que los síntomas depresivos y ansiosos se mantuvieron estables o disminuyeron desde el …
Investigadores del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB, CONICET- UNS) y del Departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia de la Universidad Nacional del Sur (UNS), en colaboración con científicos de la Universidad de Massachusetts, ha revelado una vía desconocida de comunicación entre el cerebro y el intestino en gusanos Caenorhabditis elegans (C. elegans). Este avance podría aportar nuevos enfoques en el estudio del estrés y su relación con trastornos metabólicos, como la diabetes y enfermedades relacionadas con la insulina en humanos. https://youtu.be/t38AsDHWNEQ Cuando un organismo enfrenta situaciones de peligro o estrés, el cuerpo activa la “respuesta de lucha o huida”, regulada por hormonas como la adrenalina. Este mecanismo prepara al cuerpo para reaccionar rápidamente, acelera el ritmo cardíaco, aumenta el flujo sanguíneo hacia el cerebro y los músculos, y estimula la utilización de glucosa como energía. Sin embargo, y aunque esta respuesta es esencial para la supervivencia, su activación crónica puede tener graves consecuencias para la salud, incluyendo un mayor riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares, infecciones y envejecimiento prematuro. Estrés y metabolismo: un vínculo clave En un estudio previo, publicado en la revista Nature en 2019, este mismo equipo de investigación demostró que en C. elegans, la tiramina (una hormona similar a la adrenalina en los invertebrados) actúa como un “interruptor” que regula la respuesta al estrés. Esta molécula juega un papel clave en la respuesta de escape. Sin embargo, su liberación es inhibida ante situaciones como calor extremo o estrés oxidativo permitiendo al organismo conservar energía y resistir mejor a estas agresiones ambientales. Además, observaron que activar repetidamente la respuesta de escape (con la consecuente liberación crónica de tiramina) estimula constantemente la vía de la insulina (no sabían aun cómo), reduciendo la capacidad del animal para hacer frente a otros desafíos ambientales y reduciendo su tiempo de vida. En este nuevo trabajo, publicado en la prestigiosa revista PLOS Biology, los investigadores descubrieron que la tiramina estimula al intestino del animal para liberar un péptido similar a la insulina denominado INS-3. Esta liberación activa la vía de la insulina e incrementa las tasas metabólicas para satisfacer las demandas energéticas generadas por la respuesta de huida. Sin embargo, cuando la respuesta de escape se perpetúa, la liberación de este péptido similar a la insulina es la responsable del deterioro de la salud observado. Con este hallazgo, el equipo logró completar y describir la secuencia molecular de esta vía de comunicación entre el cerebro y el intestino y cómo trabajan en conjunto para enfrentar o adaptarse a diferentes situaciones y condiciones ambientales. “Este descubrimiento nos ayuda a comprender mejor cómo el sistema nervioso y el metabolismo se coordinan para responder a cambios en el entorno, lo que podría tener implicancias significativas para el estudio de enfermedades relacionadas con el estrés”, señaló Diego Rayes, investigador del INIBIBB y director del trabajo. Los otros autores locales de este trabajo fueron las investigadoras Tania Veuthey (primera autora) y María José De Rosa y los becarios doctorales Sebastián Giunti y Stefano Romussi. Todos pertenecientes al INIBIBB y docentes del Departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia de la UNS. El proyecto se llevó adelante en colaboración con el laboratorio dirigido por el doctor Mark Alkema en la Universidad de Massachusetts (USA). Implicancias para la salud humana En los seres humanos, la exposición prolongada al peligro real o percibido, como ocurre en los trastornos de estrés, se asocia con problemas de salud como diabetes tipo 2, envejecimiento prematuro y mayor riesgo de enfermedades. Las personas bajo estrés crónico suelen presentar altos niveles de insulina, lo que subraya el papel potencial de la disfunción de la insulina en los problemas de salud relacionados con el estrés. Los resultados de esta investigación presentan una novedosa interacción entre el cerebro y el intestino en C. elegans, y abren nuevas posibilidades para explorar mecanismos similares en seres humanos. ““Aunque todavía no entendemos completamente cómo las neurohormonas del estrés en niveles elevados afectan la salud, sabemos que los procesos que regulan las respuestas al estrés son muy similares entre distintas especies, por lo que sería interesante investigar si la liberación prolongada de adrenalina podría afectar negativamente la salud al estimular la secreción de péptidos similares a la insulina”, concluyó Rayes.