Pionera en aplicar la técnica de cultivos celulares en la región e impulsora de la vacuna contra la poliomielitis, su legado de resiliencia y excelencia científica es un faro de inspiración para las niñas y mujeres que eligen el camino de la ciencia. Eugenia Sacerdote de Lustig es una de las figuras más destacadas de la historia de la ciencia en Argentina. Izq: Sacerdote de Lustig trabajando en cultivo de tejidos en el Instituto de Oncología “Angel H. Roffo” (1953). Der: en la Reunión Anual de la Sociedad Argentina de Investigaciones Clínicas junto a Federico Leloir (1973). Sacerdote de Lustig leyendo en su hogar (1998). Der: retrato fotográfico (1998). Créditos de ambas fotos: Marcelo Aballay. Retrato de la Doctora Eugenia Sacerdote de Lustig. Eugenia Sacerdote de Lustig en el auditorio del Instituto de Oncología Roffo (2010). “La vida de la Dra. Lustig es la historia de una pasión”, le dijeron en 1991 cuando le otorgaron a Eugenia Sacerdote de Lustig el Premio Hipócrates, la máxima distinción del campo de la Medicina en Argentina. La llama de esa pasión había empezado en 1931, cuando a los 21 años logró ser una de las cuatro mujeres que lograron entrar a la Facultad de Medicina de Turín, Italia, de un total de quinientos ingresantes. Aquel desafío inicial marcaría el inicio de una trayectoria ejemplar para las generaciones futuras: Sacerdote de Lustig forjó una carrera en la que abrió caminos en campos prominentes como los estudios contra el cáncer, la vacuna contra el virus de la poliomielitis y los cultivos celulares, sobreponiéndose a la indiferencia y la discriminación de género, hasta llegar, en 1961, a ser una de las primeras científicas mujeres que ingresaron a la carrera del CONICET y una de las más destacadas de la historia. Una vida dedicada a la ciencia Sacerdote de Lustig había dado sus primeros pasos en el mundo científico en 1936, cuando de Turín se mudó a Bruselas para trabajar como investigadora invitada en un instituto de neurobiología. Un año después, se casó, tuvo una hija y se trasladó a Roma, hasta que sobrevino la Segunda Guerra Mundial y, por su condición de judía, fue proscripta del hospital donde trabajaba como médica y debió escapar de Italia. El destino fue Sudamérica. Su primer trabajo en la Argentina fue ad-honorem en la Cátedra de Histología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. En ese espacio, creó una Sección de Cultivo de Tejidos, la nueva técnica que ella había conocido y aprendido de Herta Mayer en Italia, y que ella introdujo en Argentina. Durante sus años en la Facultad de Medicina de la UBA con personalidades científicas notables como Eduardo de Robertis y Bernardo Houssay, Premio Nobel de Medicina en 1947. Poco después, en 1948, fue convocada por el Dr. Braccheto Brian, Director en ese momento del “Instituto de Medicina Experimental para el Estudio y el Tratamiento del Cáncer” (hoy Instituto de Oncología Angel H. Roffo) para desarrollar el cultivo de células cancerosas. En 1953, cuando el Profesor Dr. Abel Canónico fue elegido director del Instituto, Sacerdote de Lustig se incorporó al Departamento de Oncología Experimental y montó la Sección de Cultivo de Tejidos. El interés por la temática de investigación en cáncer y por la técnica de cultivos celulares fue cobrando tal notoriedad que se creó el Departamento de Investigaciones, el cual ella dirigió desde 1966 hasta su jubilación en 1986. A la par de su actividad en lo que es hoy el Instituto Roffo, en 1951 fue invitada a desarrollar la técnica de cultivo de tejidos aplicada al diagnóstico viral en el recientemente creado Departamento de Virus en el Instituto Nacional de Microbiología Malbrán, área que dirigió durante la epidemia de poliomielitis. Ya consolidada en el ámbito científico, se le presentó un desafío profesional que la llevaría a salvar miles de vidas. En 1956, Sacerdote de Lustig fue becada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para viajar a centros de investigación de Estados Unidos y Canadá que estaban desarrollando y probando vacunas contra la poliomielitis, una epidemia que estaba causando estragos en la población mundial y para la cual no había tratamiento alguno. A su regreso, fue la primera persona en probar la vacuna Salk en ella y en sus hijos. Los primeros niños que recibieron la vacuna Salk en Argentina lo hicieron de la mano de Sacerdote de Lustig. En 1961 comenzó su carrera de investigadora científica en el recientemente creado Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), del que se retiró alcanzando categoría de Investigadora Superior (la máxima posible), para años después ser distinguida como Emérita. Eugenia Sacerdote de Lustig falleció el 27 de noviembre de 2011. Tenía 101 años. Sus colegas, entre quienes estaba Luis Federico Leloir, Premio Nobel de Química, la caracterizaban como una mujer que se enfrentaba a los obstáculos con pasión y energía. Al final de su vida estaba ciega, pero aun así, hasta el último día, trabajó junto a un equipo científico en el estudio de los mecanismos de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Hoy, su historia de perseverancia y sus destacados aportes en el campo de la ciencia no son solo un recuerdo, sino un ejemplo de inspiración para las nuevas generaciones de mujeres que eligen el camino de la ciencia. A lo largo de su carrera, Sacerdote de Lustig realizó alrededor de 180 publicaciones en revistas nacionales e internacionales en incontables participaciones en reuniones científicas, en el campo de la biología del desarrollo, la virología y la oncología. Su excelencia científica fue reconocida con numerosas distinciones, entre las que destacan el Premio KONEX (1983), el galardón Alicia Moreau de Justo (1988) y el prestigioso Premio Hipócrates (1991). A lo largo de su carrera, fue nombrada Mujer del Año en 1967, Investigadora Emérita del CONICET en 1995 y Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1996. Su impacto trascendió fronteras, recibiendo la condecoración de Cavaliere por la República Italiana y la Medalla de Oro a la Cultura de la Embajada de Italia. …
Científicos del CONICET realizan una nueva expedición a bordo del buque del Schmidt Ocean Institute, en la que se busca estudiar las comunidades de organismos que se alimentan de la energía química proveniente de las filtraciones de metano emanadas del subsuelo marítimo. El ROV SuBastian será sumergido al menos en quince ocasiones a lo largo de la expedición Créditos: Schmidt Ocean Institute. El buque Falkor (too) en navegación. Créditos: Schmidt Ocean Institute. Maria Bravo, jefa científica e investigadora principal de la campaña. Der: Melisa Fernández Severini, una de las co-investigadoras principales de la campaña. A bordo del Falkor (too), científicos del CONICET, la UBA y colegas del exterior buscarán estudiar las comunidades quimiosintéticas. Un grupo de científicos del CONICET, junto a colegas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y del exterior, realiza una nueva campaña en el Mar Argentino, a bordo del buque RV Falkor (too), perteneciente al Schmidt Ocean Institute (SOI), con el objetivo de estudiar los ecosistemas más extremos y menos explorados del fondo marítimo. Se trata de las comunidades quimiosintéticas: organismos que sobreviven en las profundidades oceánicas -donde no llega la luz solar y la fotosíntesis es inviable- a través del consumo de la energía química proveniente de las filtraciones de gas metano (cold seeps) emanadas desde áreas del fondo marítimo. El proyecto fue seleccionado junto con otros siete, entre numerosas propuestas nacionales e internacionales, y tras la evaluación de jurados internacionales y miembros del SOI. Dentro de las ocho expediciones elegidas para explorar el océano Atlántico Sudoccidental, tres son dirigidas por científicos argentinos. Al igual que ya sucedió con las campañas “Ecos de dos Cañones“y “Oasis Submarinos del Cañón de Mar del Plata: Talud Continental IV”, durante la expedición, que se prolongará del 14 de diciembre de 2025 al 10 enero de 2026, se realizarán transmisiones en vivo por streaming. Para seguir las transmisiones haga clic en el enlace. La jefa científica e investigadora principal de la campaña “Vida en los extremos”, María Emilia Bravo, es investigadora del CONICET en el Instituto de Geociencias Básicas, Aplicadas y Ambientales de Buenos Aires (IGeBA, CONICET-UBA), mientras una de las co-investigadoras principales es Melisa Fernández Severini, investigadora del CONICET en el Instituto Argentino de Oceanografía (IADO, CONICET–UNS). Estudio de los ecosistemas quimiosintéticos Aunque las filtraciones de gas metano crean ambientes extremos y nocivos para la mayoría de las formas de vida, las comunidades quimiosintéticas hallan su sustento en ellas. Compuestas principalmente por bacterias, arqueas y la fauna bentónica asociada, estos organismos se sitúan en la base de la cadena alimentaria al actuar como productores primarios capaces de nutrirse de compuestos inorgánicos. Se estima que estos diversos organismos pueden consumir y atrapar hasta el 80% del gas antes de que escape hacia el océano y la atmósfera. Estos organismos viven de forma libre en el fondo o como simbiontes de animales, a los que transfieren la energía química que sintetizan a partir de los gases del fondo marino. La fauna bentónica que prospera en estas filtraciones suele estar integrada por gusanos tubícolas, almejas, mejillones y microorganismos y bacterias altamente especializados. En campañas anteriores, realizadas a bordo del buque ARA “Austral” del CONICET en 2018, 2019 y 2022, Bravo junto con otros integrantes del equipo que participan de la actual expedición hallaron los primeros ecosistemas quimiosintéticos en el talud del Mar Argentino. Ahora la idea es explorarlos mediante la tecnología del ROV SuBastian, un vehículo submarino que se opera de manera remota y puede alcanzar hasta 4.500 metros de profundidad. A través de esta herramienta de última generación se tomarán muestras de agua, sedimentos y organismos. Todas sus inmersiones serán transmitidas en vivo. El trabajo del ROV SuBastian, que será sumergido por lo menos unas quince veces, se complementará con mediciones de CTD (conductividad, temperatura y profundidad), redes de muestreo de zooplancton y sistemas de mapeo acústico e imágenes de alta resolución del fondo marino, de manera de poder caracterizar en detalle estos ecosistemas de aguas profundas. De acuerdo con el equipo científico, uno de los objetivos centrales de la expedición será tratar de comprender el rol transversal del metano en el modelado de las características biológicas, físicas y químicas de estos ecosistemas quimiosintéticos. En este sentido, el estudio se realizará en diferentes áreas del talud continental argentino, de manera de permitir comparar distintos ambientes y analizar la manera en que las condiciones químicas y fisicoquímicas asociadas a las filtraciones de metano influyen en la biodiversidad y en el funcionamiento de los ecosistemas quimiosintéticos. Antecedentes y objetivos En Argentina, los ecosistemas quimiosintéticos fueron hallados primero en la costa, en el estuario de Bahía Blanca, y luego en el mar profundo mediante las campañas realizadas a bordo del ARA Austral,. “En aquellas campañas oceanográficas, estudiamos estas formas de vida a través del uso de un box core, una caja metálica que desciende desde el buque hasta el fondo y trae consigo un corte intacto de la sección superficial del fondo. Mediante esta tecnología, si bien podemos estudiar cuantitativamente la biodiversidad asociada a filtraciones de gases, resulta insuficiente para abarcar la complejidad biológica y ambiental de estos ecosistemas. Por cada campaña obtuvimos como máximo dos muestras dentro de un sitio sin filtraciones de gas y un sitio con filtraciones de gas, para poder comparar la biodiversidad de las comunidades bentónicas de invertebrados, así como, las señales químicas de la alimentación de la fauna en cada uno de ellos. Esa fue la primera aproximación, que nos sirvió para evidenciar que existe fauna quimiosintética asociada a filtraciones de gases en nuestro talud”, afirma Bravo. El SuBastian no sólo permitirá recolectar muestras de agua, sedimentos, rocas y fauna bentónica, sino que permitirá que los científicos vean con sus propios ojos lo que hasta ahora han descripto sólo en base a evidencia indirecta. “Ahora vamos a poder contar con el ROV y el sistema que ofrece para visualizar el ambiente con alta definición, para encontrar parches más pequeños de formas de vida quimiosintéticas y otras especies que se encuentran asociadas a este tipo de ambientes. Esto nos ayudará a entender, de forma muy …
Las iniciativas, impulsadas por equipos del Centro Científico Tecnológico Bahía Blanca (CCT), abordan desafíos estratégicos en salud, ambiente, producción y economía circular, y recibirán un financiamiento total de más de $125 millones. “Las propuestas seleccionadas reflejan la diversidad de capacidades del sistema científico local y su articulación con organismos públicos, hospitales, cooperativas y empresas, abordando problemáticas productivas, sanitarias y ambientales de la provincia.”, señaló Silvia London, directora del CONICET Bahía Blanca. La convocatoria FITBA es impulsada por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires con financiamiento del Consejo Federal de Inversiones (CFI). En esta edición se adjudicaron 98 proyectos de innovación, con una inversión global de $3.000 millones. En este marco, los proyectos del CCT Bahía Blanca accederán a un financiamiento conjunto de más de $125 millones, destinados al desarrollo y la transferencia de soluciones científico-tecnológicas aplicadas. Proyectos seleccionados Uno de los proyectos propone el desarrollo de un sistema SMART de monitoreo ambiental de hidrocarburos en zonas industriales y portuarias bonaerenses. La iniciativa contempla una plataforma modular híbrida, que integra sensores activos y pasivos con inteligencia artificial para la generación de alertas tempranas, permitiendo la detección continua de contaminantes en aire y agua. El proyecto es dirigido por Andrés Arias, investigador del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO, CONICET-UNS), y cuenta con el Ministerio de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires como organismo adoptante. . Su implementación apunta a fortalecer la gestión ambiental preventiva en áreas como los puertos de Bahía Blanca y Coronel Rosales. Otra de las propuestas seleccionadas se orienta a la innovación en antibióticos pediátricos unidosis para la producción pública provincial. El objetivo es desarrollar formulaciones con menor contenido de sacarosa y presentaciones que mejoren la dosificación y el acceso a tratamientos en hospitales públicos. La iniciativa es dirigida por María Verónica Ramírez Rigo, de la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI, CONICET- UNS), y tiene como adoptante al Laboratorio de Especialidades Medicinales Provinciales N.° 3 (LEMP3). En el área de biotecnología aplicada a la producción animal, se seleccionó un proyecto para el desarrollo de un probiótico funcionalizado con nanoanticuerpos para el control de la gripe A en granjas porcinas. La propuesta busca reducir el impacto sanitario de la enfermedad y el uso de antimicrobianos. Está dirigida por Mariana Puntel, investigadora del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB, CONICET–UNS), y cuenta con la empresa BIOTER S.A. como adoptante. Otro de los proyectos seleccionados, dirigido por Yamila Victoria Vazquez de PLAPIQUI, se llevará adelante junto con la Cooperativa de Trabajo ReAccionar. La iniciativa aborda el desafío ambiental de los residuos plásticos a partir del escalado del proceso de producción de placas para amoblamientos a partir de material reciclado, ampliando las posibilidades de uso de estos materiales en aplicaciones de mayor valor agregado. Por último, se seleccionó un proyecto orientado a la optimización del proceso de preparación y fraccionamiento de formulaciones estériles parenterales huérfanas destinadas al servicio de neonatología del Hospital Interzonal General de Agudos de Bahía Blanca. Dirigido por Luciano Benedini, investigador del Instituto de Química del Sur (INQUISUR, CONICET-UNS), el proyecto busca mejorar la disponibilidad y el uso seguro de medicamentos adaptados a pacientes neonatales. En el marco de la misma convocatoria, fueron seleccionados también cuatro proyectos de la Universidad Nacional del Sur (UNS), que recibirán un financiamiento conjunto de $100 millones: Herramienta molecular para facilitar la selección de girasol resistente al mildiu o enanismo, orientada al mejoramiento genético vegetal. Valorización sostenible de Solanum glaucophyllum como fuente de vitamina D3 activa, con el objetivo de desarrollar un suplemento dietario para nutrición animal con impacto regional. Panel de indicadores hídricos ambientales para el monitoreo de sistemas fluviales en la Provincia de Buenos Aires, destinado a fortalecer la gestión y el seguimiento de recursos hídricos. Desarrollo de un protocolo para la determinación de biomarcadores diagnósticos y predictivos en cáncer de tiroides, enfocado en aplicaciones para el sistema de salud.
El Instituto Argentino de Oceanografía (IADO, CONICET–UNS) participará de la tercera y última campaña del buque de investigación Falkor too en el Mar Argentino, una expedición internacional sin precedentes, dedicada a estudiar ecosistemas de mar profundo en el Atlántico Sudoccidental. La misión, titulada “Vida en los extremos”, se desarrollará entre el 14 de diciembre de 2025 y el 10 de enero de 2026, desde Buenos Aires hasta Puerto Madryn. ROV SuBastian, vehículo que será operado remotamente desde el buque de investigación RV Falkor (too). Créditos ROV SuBastian Schmidt Ocean Institute. Florencia Rial y Ele Beruschi procesando muestras y realizando calibraciones previas a la expedición “Vida en los extremos”. Melisa Fernández Severini y Ele Beruschi trabajando en el laboratorio y bajo campana de extracción para preparar el material que será utilizado en el análisis de muestras de metales pesados. Parte del equipo del IADO (GIQAT) que participará en la campaña internacional del buque Falkor (too) El equipo del IADO está integrado por Maialen Ardusso, Florencia Rial, Ele Beruschi y Melisa Fernández Severini, integrantes del Grupo de Investigación-Química en Ambientes de Transición (GIQAT). Su labor se sumará al trabajo de especialistas de diversos países en ecología marina, geología, geofísica, química del océano y oceanografía física. La campaña, liderada por Emilia Bravo (IGeBa, CONICET-Exactas UBA) permitirá observar en tiempo real, a través de transmisiones por streaming del Schmidt Ocean Institute, uno de los ambientes menos explorados del planeta: las filtraciones de metano (cold seeps) del Mar Argentino, zonas profundas donde este gas emerge desde el subsuelo marino. Estos sitios alojan comunidades biológicas singulares, basadas en la quimiosíntesis, adaptadas a condiciones ambientales extremas y aún poco estudiadas a nivel global. El objetivo central de la expedición es comprender el rol del metano en la estructura y funcionamiento de estos ecosistemas. Para ello, el equipo de científicos evaluará la biodiversidad asociada a las filtraciones, la dinámica de nutrientes, la presencia de microplásticos, metales pesados y sulfuros, además del comportamiento de las corrientes profundas y la geología de estos ambientes profundos tan extremos. Los resultados aportarán información clave para avanzar en el conocimiento del mar profundo argentino y para futuras acciones de conservación y manejo. Desde el IADO, el grupo GIQAT tendrá un rol central en el análisis químico de estos ambientes. La investigadora Melisa Fernández Severini y co-investigadora principal de la campaña, señaló: “¨Durante la campaña, recolectaremos muestras de agua, sedimentos, bentos y zooplancton para evaluar la presencia y distribución de microplásticos, nutrientes, sulfuros y metales pesados. Buscamos comprender cómo interactúan estos componentes en los ecosistemas profundos y cómo varían entre zonas con y sin filtraciones de metano”. El trabajo se realizará en tres áreas de estudio, lo que permitirá comparar ambos ambientes y analizar cómo las condiciones químicas y fisicoquímicas asociadas a los cold seeps influyen en la biodiversidad y en el funcionamiento de los ecosistemas quimiosintéticos. Una pieza clave de la campaña será el vehículo operado remotamente ROV SuBastian, que descenderá a grandes profundidades para obtener muestras de agua, sedimentos, organismos. Todas sus inmersiones serán transmitidas en vivo. Su trabajo se complementará con mediciones de CTD (conductividad, temperatura y profundidad), redes de muestreo de zooplancton y sistemas de mapeo acústico e imágenes de alta resolución del fondo marino, herramientas que permitirán caracterizar en detalle estos ecosistemas del Atlántico Sudoccidental. Por otro lado, el resto de las y los integrantes del GIQAT —Carla Spetter, Natalia Buzzi, Anabella Berasategui, Eleonora Fernández, Javier Arlenghi y Benjamín Abasto— brindará apoyo desde tierra durante la campaña La campaña es organizada en conjunto por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires y el Schmidt Ocean Institute, y constituye la última etapa del recorrido del Falkor (too) por el Mar Argentino.
La iniciativa convierte a una especie invasora de la costa sur bonaerense en un producto con alcance nacional Zona de producción de moluscos bivalvos. Estudios biológicos y calidad ambiental a cargo de integrantes del IADO. Bancos naturales de ostra del Pacífico en zona intermareal, sur de la provincia de Buenos Aires. Foto: Gentileza investigadores Tareas de procesamiento de ostras en el Frigorífico de la empresa Cultivo Ostras SAS, en el puerto de Ingeniero White, Bahía Blanca. Foto: Gentileza investigadores Integrantes del IADO, PLAPIQUI e INBIOSUR del CCT CONICET Bahía Blanca y titular de la empresa Cultivo Ostras SAS junto al equipamiento utilizado para el desarrollo piloto de la primera salsa de ostras nacional. Foto: Gentileza investigadores Cultivo de ostras del Pacífico (Magallana gigas) en la parcela productiva de Los Pocitos, partido de Patagones, donde se obtiene la materia prima para el desarrollo de la primera salsa de ostras nacional. Foto: Gentileza investigadores Recolección de ostras del Pacifico (Magallana –ex Crassostrea- gigas). Foto: Gentileza investigadores Zona de producción “Bahía Anegada” en el partido de Carmen de Patagones, provincia de Buenos Aires, controlada y monitoreada por Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) para asegurar la aptitud de los productos pesqueros. Investigadores del CONICET y la empresa Cultivo Ostras SAS, perteneciente a la firma Ostras de la Patagonia, desarrollaron un proyecto piloto para producir la primera salsa de ostras nacional, elaborada a partir de la ostra del Pacífico Magallana (o Crassostrea) gigas, una especie invasora que afecta los ecosistemas costeros del sur bonaerense. El desarrollo avanza hacia su habilitación industrial y abre una nueva línea de producción sustentable con alcance regional y nacional, que involucra a los municipios de Patagones y Bahía Blanca. El proyecto “Aprovechamiento productivo de la ostra del Pacífico (Crassostrea gigas) en el sur bonaerense: desarrollo científico-industrial piloto” fue liderado por el Instituto Argentino de Oceanografía (IADO, CONICET–UNS), junto a la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI, CONICET–UNS) y el Instituto de Ciencias Biológicas y Biomédicas del Sur (INBIOSUR, CONICET–UNS), pertenecientes al CONICET Bahía Blanca. El desarrollo fue llevado adelante por un equipo de investigadores, personal de apoyo y becarios bajo la dirección científica de la investigadora del CONICET Sandra Botté y el integrante de la Carrera de Personal de Apoyo (CPA) del CONICET, Eder Dos Santos, especialistas en biotecnología marina y aprovechamiento de recursos costeros en el IADO. “El desafío fue transformar una problemática ambiental en una oportunidad productiva, y en ese camino estamos avanzando. Buscar alternativas y valor agregado a un producto biológico es un desafío que sólo se puede lograr con aportes interdisciplinarios, y lo estamos logrando gracias al trabajo articulado entre el sector científico, la empresa y el financiamiento público”, señala Botté, además directora del IADO. Tal como explican desde el equipo científico, la ostra del Pacífico se estableció en la costa bonaerense a partir de 1982, especialmente en el partido de Patagones, y su expansión amenaza el equilibrio ecológico de las reservas naturales. Fue originalmente introducida en Bahía San Blas y por su dispersión en la zona costera del sur bonaerense ha comenzado a tener consecuencias sobre playas turísticas como Pehuen Có y Monte Hermoso y sobre ecosistemas marinos de gran importancia como el estuario de Bahía Blanca. Además de los impactos ambientales y sociales —como los cortes que provocan las valvas filosas en zonas turísticas—, la presencia de esta especie también dio origen a iniciativas productivas, comerciales y culturales como la Fiesta Provincial de la Ostra en el balneario Los Pocitos. En 2022, la empresa regional Cultivo Ostras SAS solicitó al IADO asistencia técnica para mejorar los métodos de cultivo y manejo de biomasa en su parcela de producción ubicada en Los Pocitos. A partir de ese vínculo, se conformó un equipo interdisciplinario con un grupo de investigación de PLAPIQUI, dirigido por María Elena Carrín y un grupo del INBIOSUR, encabezado por Lorena Brugnoni, que aportó capacidades en bioprocesos, ingeniería y análisis biológicos. La maricultura de ostras en la costa sur de la provincia de Buenos Aires, en la Zona de Producción de Moluscos Bivalvos del Sudoeste Bonaerense (AR-BA), cuenta con la clasificación sanitaria del SENASA como apta para consumo humano, lo que representa una ventaja estratégica para el desarrollo productivo. Con financiamiento del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA 2023), el equipo avanzó en el diseño y validación de un proyecto piloto de industrialización de la ostricultura, con el objetivo de producir salsa de ostras nacional —un producto que actualmente se importa— y generar valor agregado a partir de un recurso disponible en la región. Actualmente el proyecto presenta un 90 por ciento de ejecución y se encuentra en la etapa final de habilitación industrial, que incluye pruebas técnicas y regulatorias como análisis de composición nutricional, estudios de vida útil, pruebas organolépticas y validaciones oficiales. Una vez concluido ese proceso, la empresa iniciará la producción a escala piloto. El equipo trabajó en la estandarización del proceso, desde el acondicionamiento de la carne del molusco hasta la formulación y estabilización del producto final. Para Cultivo Ostras SAS, esta experiencia marca un paso clave en la consolidación de una nueva industria sustentable. “La colaboración con el CONICET nos permitió incorporar conocimiento científico y capacidades tecnológicas que fueron esenciales para llevar esta idea a la práctica. Estamos muy cerca de concretar la primera producción nacional de salsa de ostras, lo que representa un hito para nuestro sector debido a que se avanza en la diversificación en el procesamiento con desarrollo de valor agregado”, destaca el médico veterinario Juan Urizar, representante de la firma. El impacto del proyecto es múltiple: contribuye al control de una especie invasora, recurso natural subutilizado, impulsa un modelo de desarrollo regional sustentable, y una oportunidad productiva en la zona costera del partido de Patagones. “El escalamiento de la actividad ostrícola desde lo artesanal hacia lo industrial podría aumentar la presión de explotación de la biomasa, constituyendo una potencial herramienta de mitigación de la dispersión de las ostras en la costa argentina”, explica Dos Santos. Además de generar nuevas fuentes de empleo y …
El Instituto de Ciencias e Ingeniería de la Computación (ICIC – CONICET UNS) celebró esta mañana su acto institucional por el 10° aniversario como instituto de doble dependencia, en una jornada que reunió a becarios, investigadores, personal de apoyo, administrativos y autoridades universitarias y del sistema científico local. Foto grupal del personal del ICIC. Las autoridades del ICIC, de la UNS y del CONICET Bahía Blanca articiparon del acto por el 10° aniversario del Instituto de Ciencias e Ingeniería de la Computación Re a Gustavo Simari y Jorge Ardenghi El evento tuvo lugar a las 10 hs en el edificio del Departamento de Ciencias e Ingeniería de la Computación (DCIC), en el campus Palihue de la Universidad Nacional del Sur. Participaron el director del ICIC, Dr. Carlos Chesñevar, la vicedirectora, Dra. Elsa Estévez, el decano del DCIC, Dr. Diego Martínez, la vicedecana Dra. Laura Cobo, autoridades de la UNS: el rector, Dr. Daniel Vega, y la vicerrectora, Dra. Andrea Castellanos. Acompañó también la Dra. Silvia London, directora del Centro Científico Tecnológico Bahía Blanca (CCT – CONICET). Durante las palabras de apertura, las autoridades destacaron el rol del ICIC como unreferente nacional en investigación en inteligencia artificial y ciencias de lacomputación, subrayando su constante presencia en la agenda científica local y del país. También remarcaron la trayectoria de un instituto que, gracias a su producción académica, sus colaboraciones internacionales y la formación de recursos humanos, “se ha consolidado como un actor clave en el desarrollo tecnológico y científico de la región”. En el marco del acto se realizó el estreno del video institucional por los 10 años delICIC, producido por la Dirección de Comunicación Institucional del instituto. El documental recorre la historia del ICIC desde sus comienzos en 2015, como instituto de doble dependencia con el CONICET. La pieza incluye testimonios de sus integrantes fundadores, imágenes de las primeras oficinas, la mudanza, los primeros STANs de vinculación y momentos clave de su crecimiento. La jornada incluyó además el reconocimiento a dos integrantes históricos, GuillermoSimari y Jorge Ardenghi, por su rol fundamental en la construcción institucional y en el desarrollo de las bases científico-tecnológicas que hicieron posible el crecimiento del ICIC. El encuentro finalizó con la tradicional foto institucional y el corte de torta, en un clima de celebración y pertenencia. El video institucional ya se encuentra disponible en YouTube: https://youtu.be/JONqHXGj4_E.
Concluyeron los tres días de esta fiesta deportiva, lúdica y cultural que reunió a integrantes de todo el organismo, marcando el cierre de la XVI edición de los Juegos Deportivos del CONICET. La delegación de Santa Fe se consagró ganadora de la Copa Conjunto, seguida por Córdoba en segundo lugar y Rosario en el tercero. La Copa Juego Limpio quedó en manos de Rosario, mientras que la Copa Desafío fue para Mendoza, que será la anfitriona en 2026. Fotos: gentileza COCO. Fotos: gentileza COCO. Fotos: gentileza COCO. Fotos: gentileza COCO. Fotos: gentileza COCO. Fotos: gentileza COCO. Fotos: gentileza COCO. Fotos: gentileza COCO. Entre el 22 y el 24 de noviembre, los Juegos se desarrollaron por tercera vez en la ciudad de Santa Fe. Tal como ocurrió en las primeras ediciones de 2008 y 2009, gran parte de las actividades se desarrollaron en el Predio UNL-ATE, el Predio CONICET “Dr. Alberto Cassano” y la Laguna Setúbal. Con buen clima y nutrida participación se realizaron las pruebas de aguas abiertas, ajedrez, atletismo, básquet, bochas, fútbol, escalada (debutante en esta edición), handball, maratón -caminata y carreras de 5 y 10 km-, natación en pileta, pádel, pesca, tenis, tenis de mesa, vela y vóley. Asimismo, se dispuso un espacio artístico y cultural donde se presentaron fotografías, pinturas, ilustraciones, poesías y producciones literarias, telas y musicales, visibilizando la diversidad creativa de la comunidad del CONICET. La ceremonia oficial de apertura tuvo lugar el sábado 22 en el Predio UNL-ATE. Participaron la Vicepresidenta de Asuntos Científicos del CONICET, Claudia Capurro; el Director del CONICET Santa Fe, Rubén Spies; y el miembro del Directorio del CONICET, Walter Sione. También asistieron directores y directoras de institutos del CCT local, representantes de las 14 delegaciones participantes, trabajadores y trabajadoras del organismo y personal jubilado. Durante la apertura, Rubén Spies expresó: “Es un inmenso honor y una gran alegría darles la más cálida bienvenida a nuestra casa, a nuestra ciudad, para inaugurar formalmente los Juegos Olímpicos CONICET 2025. Miro a mi alrededor y veo a científicos, técnicos, becarios y personal de apoyo, administrativos; colegas de distintos puntos del país, de diferentes disciplinas, unidos hoy no por una ecuación o un protocolo de laboratorio, sino por el espíritu del deporte y la camaradería”. Desde su creación, los Juegos Deportivos se conciben como un espacio destinado a fortalecer los vínculos entre quienes integran el Consejo –investigadores/as, becarios/as, personal de apoyo y administrativos/as- a través de actividades que promueven la salud, el bienestar y la vida común en el ámbito de trabajo. Los encuentros deportivos surgieron en 2008 por iniciativa de trabajadores y trabajadoras del organismo, con el acompañamiento de ATE Santa Fe y la Universidad Nacional del Litoral. Desde entonces, su organización está a cargo del Comité Olímpico del CONICET (COCO). A lo largo de los años, la propuesta se consolidó como una instancia de encuentro, intercambio y cuidado comunitario entre quienes integran el CONICET. En esta edición participaron delegaciones de Bahía Blanca, Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Mar del Plata, Mendoza, Nordeste, Patagonia, Rosario, Salta-Jujuy, San Juan, San Luis, Santa Fe y Tucumán. Como en ediciones anteriores se contó con el acompañamiento del Municipio local, además del respaldo de instituciones y empresas de nuestro medio y de la Cámara de Senadores de la Provincia de Santa Fe, quien declaró su interés atendiendo al “valioso aporte a la integración, el compañerismo y la promoción de la vida saludable enre las trabajadoras y trabajadores del sistema científico nacional”. Más información: juegos.conicet.gov.ar
El doctor Diego Rayes, profesor en la UNS e investigador del CONICET, fue electo para encabezar por dos años la principal organización de neurocientíficos en Argentina, que nuclea a 800 socios de universidades e institutos de todo el país. El doctor Diego Rayes, docente e investigador de la Universidad Nacional del Sur y el CONICET, fue electo presidente de la SAN, la Sociedad Argentina de Investigación en Neurociencias. El científico estará en su cargo por dos años, y entrevistado por Radio Universidad reconoció que “es un orgullo muy grande ser presidente, y a la vez un reto muy importante porque es una institución que en los últimos años ha crecido muchísimo. En un momento tan difícil para la ciencia mantener el entusiasmo de los jóvenes por la investigación y realizar eventos científicos es todo un desafío”. Otros investigadores de este medio que presidieron la institución fueron la doctora Cecilia Bouzat (2007-2009) y el doctor Francisco Barrantes (1999-2001), dos destacados investigadores con una vasta trayectoria internacional en el campo de las neurociencias. Rayes es Bioquímico y doctor en Bioquímica graduado de la UNS, donde es profesor en el Departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia. Es investigador independiente del CONICET en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB), donde dirige el Laboratorio de Neurobiología de Invertebrados. La SAN actualmente tiene 800 socios en todo el país, un importante número basado en la ampliación de los estudios en neurociencias que se ha visto en los últimos años en Argentina. Según detalló el doctor Rayes “su organización es muy horizontal, se le da mucha voz a los jóvenes y hay muchas comisiones que mantienen muy viva a la organización. Esto es diferente a la mayoría de las demás instituciones científicas”. Además de las actividades para promover el interés de los jóvenes por la ciencia, también expresó como sus objetivos seguir posicionando a la SAN como referente nacional en las neurociencias en un contexto donde hay muchos discursos basados en supuestos no científicos, ampliar la base de actividades para los investigadores más jóvenes, y continuar la vinculación internacional. “Estamos en un tiempo donde globalmente se cuestiona a la ciencia y a la necesidad de financiar la investigación científica. Quienes colaboramos con grupos e instituciones extranjeras lo vemos también en otros países, y allí hay uno de los principales desafíos para trabajar: mostrar a la sociedad que la ciencia sirve, que mejora la vida de las personas y que son necesarias políticas públicas para sostenerla”, expresó. Rayes realizó su posdoctorado en la Universidad de Massachusetts (Estados Unidos), y viaja frecuentemente al exterior por actividades académicas y científicas. La SAN, fundada en 1986, tiene como misión organizar actividades de desarrollo profesional tanto para investigadores como para educadores de la neurociencia; proveer herramientas que faciliten la investigación en neurociencias así como la formación de nuevos grupos y la repatriación de científicos, e impulsar el avance del conocimiento sobre neurociencias, promoviendo el contacto y la cohesión entre científicos con variadas formaciones e intereses y provenientes de diversas regiones del país y Latinoamérica. Fuente: UNS
Investigadores de diferentes institutos del CONICET, junto con colegas de otras instituciones de Argentina y Estados Unidos, participaron de un estudio internacional que evidencia que el entrampamiento natural en pozos de asfalto fue el principal mecanismo de acumulación de pequeños vertebrados, hace entre 30.000 y 40.000 años, durante el Pleistoceno Tardío en el yacimiento de Rancho La Brea. Los resultados fueron publicados en la revista Journal of Quaternary Science. Restos óseos fósiles recuperados de distintos pozos de Rancho La Brea con evidencias de abrasión, impregnación, corrosión y fracturas. FOTO: gentileza investigador. Ave atrapada en una filtración de asfalto en Rancho La Brea (Los Ángeles, Estados Unidos). Fenómenos como este ayudan a comprender cómo se formaron, en el Pleistoceno Tardío, las acumulaciones fósiles de microvertebrados estudiadas. FOTO: gentileza investigador. Reconstrucción artística de un pozo de asfalto en Rancho La Brea, basada en las interpretaciones tafonómicas propuestas en este estudio y en trabajos previos. Ilustración de Pedro Cuaranta (CECOAL-CONICET) Rancho La Brea, ubicado en Los Ángeles (Estados Unidos), es reconocido como uno de los yacimientos paleontológicos más importantes del mundo por la cantidad, diversidad y estado de conservación de sus fósiles. Allí se han hallado cientos de miles de restos de organismos diversos que vivieron durante en la época estudiada (aproximadamente entre 50.000 y 10.000 años antes del presente), desde grandes mamíferos como mamuts o tigres dientes de sable, hasta pequeños roedores, aves, reptiles, anfibios, peces e insectos. El nuevo trabajo científico aporta información inédita sobre cómo se formaron estos depósitos fósiles y sobre los procesos que intervinieron en su preservación. El estudio presenta el primer análisis tafonómico integral de restos de microvertebrados recuperados de tres pozos de asfalto natural anteriores al Último Máximo Glacial, con edades que varían aproximadamente entre 42.000 y 32.000 años antes del presente, focalizando en comprender cuales fueron los mecanismos que permitieron acumulaciones tan excepcionales a lo largo del tiempo. En total, se analizaron más de 15.000 restos esqueléticos. En este contexto, es importante señalar que el término asfalto—también denominado brea o alquitrán – es un material viscoso y altamente adhesivo. En Rancho La Brea, este material surge en “estanques” superficiales cuando el petróleo asciende desde el subsuelo y, durante miles de años, este proceso funcionó como una trampa natural capaz de retener animales de distintos tamaños, cuyos restos quedaron enterrados. A partir de la observación de diferentes atributos macroscópicos en los elementos esqueléticos fósiles como desarticulación, meteorización, abrasión y fracturas, junto con la representación anatómica y taxonómica y datos estadísticos, los investigadores concluyeron que el proceso de acumulación principal de restos se debió, en la mayoría de los casos, al entrampamiento directo y accidental de animales vivos en los pozos de asfalto; estos resultados descartan hipótesis previas que atribuían que su presencia se debiera a la actividad de depredadores o al transporte por agua. “Nuestros resultados muestran que miles de pequeños vertebrados quedaron atrapados directamente en las filtraciones de asfalto, del mismo modo que ocurrió con individuos correspondientes a la megafauna. Esto desafía modelos anteriores y amplía nuestra comprensión sobre cómo se formaron estos depósitos en un yacimiento de características excepcionales”, explica Rodrigo Tomassini, investigador del CONICET en el Instituto Geológico del Sur (INGEOSUR, CONICET – UNS) y uno de los coautores del estudio. Según los autores, el hallazgo permite avanzar en la reconstrucción de los procesos que dieron origen a los depósitos y en el conocimiento de aspectos paleoecológicos y paleoambientales asociados a las comunidades de vertebrados que habitaban la región. Además, destacan el valor de los microvertebrados para interpretar los ecosistemas del pasado. En este sentido, Tomassini también señala que “los microvertebrados son elementos clave para reconstruir los ambientes del pasado principalmente porque tienen requerimientos ecológicos acotados (habitan en ambientes determinados), porque su análisis ofrece herramientas para comprender la dinámica de los ecosistemas a lo largo del tiempo”. Por otra parte, Fernando Fernández, Investigador Independiente del CONICET en el Instituto de Química Aplicada a la Ingeniería (UBA) y primer autor del trabajo explica: “Habitualmente, los depósitos de microvertebrados son originados por la actividad depredadora de aves rapaces o de mamíferos carnívoros. Esto implica que estas presas pudieron ser cazadas en ambientes distintos al lugar del hallazgo. El hecho que en Rancho La Brea los microvertebrados hayan muerto en el sitio, nos da mayor precisión para comprender la historia ambiental del lugar”. El trabajo abre nuevas líneas de investigación sobre la formación de los depósitos fósiles de Rancho La Brea. Los autores del estudio destacan la necesidad de continuar con estudios interdisciplinarios que integren enfoques tafonómicos, paleoecológicos y geológicos para profundizar y comprender la historia de uno de los yacimientos fósiles más relevantes en el mundo. Referencia bibliográfica: FERNÁNDEZ, Fernando J.; MONTALVO, Claudia I.; MARIN-MONFORT, M. Dolores; SOSTILLO, Renata; COLL, Daiana G.; LINDSEY, Emily; RICE, Karin A.; TAKEUCHI, Gary T. & TOMASSINI, Rodrigo L.What happened with the smaller ones? First comprehensive taphonomic analysis of microvertebrates from the Late Pleistocene of Rancho La Brea (Los Angeles, USA). Journal of Quaternary Science, (2025): 1–13. https://doi.org/10.1002/jqs.70018.
Los resultados del trabajo, publicado recientemente en la revista Science, advierten que la intensidad y la duración de las sequías pueden ampliar significativamente las pérdidas en la productividad de los ecosistemas terrestres. Chacra Experimental Napostá (Convenio UNS MDA) Sitios experimentales distribuidos alrededor del mundo Reunión de miembros de la la Red Internacional de Sequía de Argentina en la Estancia San Claudio de la UBA Un equipo internacional de más de 170 especialistas de 28 países, entre ellos investigadores y becarios del CONICET, demostró que las sequías extremas y prolongadas pueden reducir drásticamente la capacidad de los pastizales y arbustales naturales para regenerar biomasa y mantener su función ecológica a largo plazo. Desde Argentina, participaron científicos del Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida (CERZOS, CONICET–UNS), junto a colegas de otras instituciones nacionales (INTA, UBA, UNMdP, UNPA y UNRN). El equipo del CERZOS, coordinado por Alejandro Loydi, e integrado por Aylén Rodríguez y Flavia Funk, contribuyó al experimento de la red global mediante el monitoreo y la toma de datos en el sitio ubicado en la Chacra Experimental Napostá (Convenio UNS-MDA), en Bahía Blanca. “Nuestra participación fue parte de un esfuerzo sostenido de varios años. Instalamos estructuras que simulan la reducción de lluvias y medimos cómo responden las comunidades vegetales a diferentes niveles de sequía. Es un trabajo colectivo que permite entender mejor cómo se comportan los ecosistemas cuando las condiciones se vuelven más extremas”, explicó Alejandro Loydi, director e investigador del CERZOS. El estudio se desarrolló en el marco de la Red Internacional de Sequía (International Drought Network), impulsada originalmente por investigadores de Estados Unidos. A nivel global, la red conformó un comité internacional con representantes de distintos países; en Argentina, la coordinación está a cargo de la doctora Laura Yahdjian, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA, CONICET – UBA). Argentina cuenta con nueve sitios experimentales distribuidos a lo largo de un amplio gradiente climático, desde zonas húmedas del norte bonaerense hasta pastizales áridos en Santa Cruz. El sitio de Napostá, a cargo del equipo del CERZOS, se ubica aproximadamente en el centro de ese gradiente, con una precipitación media anual de 550 milímetros. En cada sitio se instalaron estructuras de manipulación de lluvia, compuestas por canaletas transparentes que permiten el paso de la luz pero desvían parte de las precipitaciones. Estas estructuras simularon una sequía extrema – definida como aquella que ocurre una vez cada 100 años – que, en el caso de Napostá, implicó una reducción de alrededor del 45 %, recreando condiciones de unos 300 mm anuales, en lugar de los 550 mm habituales. El diseño experimental incluyó parcelas con estas estructuras y otras adyacentes sin manipulación. Esto permitió comparar, a lo largo del tiempo, múltiples variables ecológicas: producción de biomasa vegetal (fijación de carbono), fertilidad del suelo y actividad microbiana, entre otras. “Todo se hizo con el mismo protocolo en los distintos sitios del país y del mundo, lo que permitió obtener datos comparables de ecosistemas muy diversos. Esa coordinación es lo que le da valor global al estudio”, señaló Loydi. Los datos recolectados fueron procesados y estandarizados por el equipo coordinador internacional, que integró la información en una base común para su análisis. Esta metodología permitió analizar cómo interactúan la intensidad y la duración de la sequía en la productividad primaria de pastizales y arbustales, ecosistemas que cubren aproximadamente el 50 % de la superficie terrestre y almacenan más del 30 % del carbono global. Los resultados muestran que, si bien algunos ecosistemas pueden mantener su funcionamiento bajo sequías moderadas, las pérdidas de productividad aumentan significativamente cuando las sequías son extremas y se repiten durante varios años consecutivos. De hecho, después de cuatro años de sequía extrema, las pérdidas fueron más del doble que en el primer año. Los hallazgos tienen especial relevancia para regiones áridas y semiáridas como el sudoeste bonaerense, donde las sequías prolongadas pueden afectar la cobertura vegetal, la retención de suelos y, en consecuencia, la sustentabilidad de la ganadería extensiva, principal actividad económica de la zona. “Comprender cómo responden nuestros ecosistemas a la falta de agua es fundamental para anticipar los impactos del cambio climático y diseñar estrategias de manejo sustentable”, señaló Loydi. El estudio aporta evidencia experimental a una preocupación creciente: el aumento en la frecuencia y severidad de las sequías puede comprometer la estabilidad de los ecosistemas naturales y los servicios ambientales que estos proveen, entre ellos la captura de carbono y la regulación climática. El artículo de encuentra publicado en Science: https://www.science.org/doi/10.1126/science.ads8144