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Hablando de aguas vivas y aguas muertas

Por Elena Contardi

Despierta mi interés divulgar temas relacionados con la biología marina ya que es una especialidad en la que he trabajado durante muchos años. En mis recorridas por la costa de Monte Hermoso, balneario ubicado sobre la costa Atlántica al sur de la provincia de Buenos Aires, del cual soy asidua visitante, hay algo que ha llamado mi atención y es la poca información que tiene el turista sobre las especies marinas que durante el período estival se encuentran allí varadas.

Un ejemplo de ello son las aguas vivas, que presentan un fenómeno recurrente año a año en la zona de playa de esta amplia costa, con alrededor de 1.000 personas afectadas por temporada. La aparición de medusas peligrosas, como lo es la especie Olindia sambaquiensis, incomoda a los turistas y amenaza su deseo de un baño placentero.

Particularmente en el verano pasado, la presencia de este fenómeno se dio de manera esporádica debido a dos razones: las condiciones climáticas, ya que los días de viento norte no fueron tan intensos ni continuos para que las medusas aparezcan en la orilla, si bien podrían encontrarse a cierta distancia de las zonas de baño. Otra de las causas posibles es la presencia de otra medusa del grupo Schyphozoa, Chrysaora lactea, que podría competir con Olindia sambaquiensis.

La habitual presencia de medusas en la costa montehermoseña, con una ubicación Norte-Sur, se debe a que los vientos predominantes del Norte -y perpendiculares a la playa- arrastran a las aguas superficiales hacia mar adentro, y producen un fenómeno de surgencia de las aguas del fondo marino, con el consiguiente arrastre de las aguas vivas hacia la zona costera y, en particular, al balneario.

Olindia sambaquiensis es una medusa de cuidado, no tiene grandes dimensiones y posee una corona de tentáculos con células urticantes, alrededor de una campana gelatinosa o plato. Algunos turistas suelen confundir esta especie con otras, por ejemplo, con Chrysaora lactea, una medusa de proporciones más grandes, de color blanco lechoso, con una característica que es la presencia de 4 bolsas gástricas y 4 labios orales, en la parte ventral de la campana. En el caso de Chrysaora lactea el contacto con el humano produce una leve urticaria, con una picazón que puede durar 20 minutos, no mucho más, a menos que la persona afectada padezca de alguna alergia que pueda provocar otros síntomas.

En una suerte de polaridad con las "aguas vivas" encontramos a las "aguas muertas"; así son llamadas otras especies de Ctenóforos, entre ellas, Beroe ovata y Mnemiopsis sp totalmente inofensivas, que suelen ser despedazadas en las orillas por los turistas, que al desconocer sus características las confunden con la medusa Olindia sambaquiensis. Las "aguas muertas" tienen un aspecto totalmente frágil, de forma ovoidal y son relativamente pequeñas, poseen una serie de cilios laterales que tienen la propiedad de ser luminiscentes, dar movilidad y brillar durante la noche en el mar.

Sería importante que la población contara con información certera sobre la presencia de celenterados en la costa y su nivel de peligrosidad, ya que no todos estos organismos gelatinosos son nocivos para el hombre, solo la especie Olindia sambaquiensis produce significativas reacciones al tomar contacto con la piel por la presencia de células urticantes en sus tentáculos. Siendo así, en el caso de avistaje de estos organismos sobre todo en épocas de veraneo, la población podría estar prevenida, como ocurre por ejemplo en España, donde el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona ha implementado programas de avistaje de estas especies para que la población esté informada acerca de la presencia de ellas en sus costas.


Elena Contardi es profesora en Ciencias Biológicas y profesional de apoyo, categoría Principal, en el Instituto Argentino de Oceanografía (IADO-CONICET-UNS), donde actualmente está a cargo del área de Extensión Institucional y Académica.

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