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¿La Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos es una solución sostenible al problema de la acumulación de basura?

Por Silvia Barbosa

"Sostenibilidad" o "sustentabilidad" son dos términos que se usan indistintamente y con mucha frecuencia en nuestro país. El primero es el correcto para la lengua española y el segundo es uno de los tantos "americanismos" que nos han invadido... Ahora la pregunta es: ¿qué decimos cuando hablamos de desarrollo, proceso o tecnología sostenibles o sustentables? La primera respuesta es la definición que se dio en el marco de la conferencia denominada "Cumbre de la Tierra" en Río de Janeiro en 1992. Allí se definió "desarrollo sustentable" como aquel que trata de satisfacer las necesidades y las esperanzas del presente, sin comprometer la capacidad de satisfacer las del futuro. Así entonces, podríamos decir que "sustentabilidad" significa producir lo que necesitamos sin dañar la fuente de los recursos. A modo de ejemplo, se habla de pesca sustentable cuando se capturan los peces sin dañar la reproducción de los mismos en el espejo de agua. Lamentablemente, esto no se ha hecho con la merluza en el Mar Argentino, cuya sobrepesca provocó una crisis en su reproducción y el peligro de extinción se hizo muy evidente en 1999. Con diversas recomendaciones y controles se ha revertido parcialmente el problema. Sin embargo, la falta de peces reproductores y la explotación sin control provocaron una disminución del recurso que hizo nuevamente crisis en 2008. Queda claro entonces que deben implementarse políticas de explotación y control que permitan conservar el recurso, es decir, se debería implementar un sistema de pesca sustentable.

Este ejemplo lleva a preguntarnos: ¿podemos seguir haciendo lo que estamos haciendo, de la misma forma que lo estamos haciendo ahora, sin consecuencias graves? Si la respuesta es sí, sigamos tranquilos el devenir de nuestra vida; ahora bien, si la respuesta es no, se abre un desafío ecológico-económico y social en el que debemos participar todos y cada uno de nosotros como plantea Agenda 21. El concepto de "sustentabilidad" es general y puede aplicarse en los más diversos y disímiles ámbitos. Algunos ejemplos son:

  • en los sistemas de agricultura, en los cuales si se usa el cultivo rotativo, la tierra tiene menos peligro de agotarse;
  • en la recolección de madera, en la que es imprescindible analizar el tiempo de crecimiento de los árboles y utilizar el sistema de reforestacion controlada;
  • en el manejo de los programas de salud, en los que si se usan más recursos y/o se atienden más enfermos que los que se pagan, el sistema cae;
  • en el manejo de la economía de una nación y hasta hogareña, porque claramente si se gasta más dinero que el que entra la economía quiebra...

En definitiva, "sustentabilidad" no es ni más ni menos que la aplicación real y tangible del más común de los sentidos, el sentido común, en forma individual y colectiva. Queda claro que la coherencia en la aplicación del concepto de "sustentabilidad" no es generalizable a todos los sistemas y sociedades, y que no necesariamente es económicamente óptima aunque no hay dudas de que es necesaria.

¿Y cómo se relaciona todo esto con la basura que generamos todos y cada uno de nosotros y que parece invadir el planeta? ¿Podemos seguir enterrando todo lo que desechamos, así inconscientemente e indiscriminadamente? ¿Hasta cuándo resistirá la tierra, nuestra principal fuente de recursos?

La respuesta no parece ser una sola pero sí queda claro, de acuerdo con el sentido común, que lo imprescindible es minimizar los residuos que producimos. En los últimos años, debido principalmente al incremento en el consumo de "productos descartables", la cantidad de residuos ha crecido en forma constante y ha aumentado saturando basurales y rellenos sanitarios. Baste como ejemplo citar que en la ciudad de Bahía Blanca la cantidad de residuos per cápita aumentó un 35 % en los últimos 7 años. Esta tendencia es general y se incrementa en torno a los grandes conglomerados urbanos. Pero no solo los "descartables" han aumentado, aproximadamente el 50 % de los residuos sólidos urbanos (RSU) están constituidos por materia orgánica proveniente principalmente de alimentos y este valor también es mayor en las grandes ciudades. Resumiendo entonces, queda claro que desechamos innecesariamente una gran cantidad de materiales pero también tiramos muchos alimentos.

¿Cuál es la propuesta inicial entonces para atacar el problema? Generar concientización de la existencia del mismo que asegure un compromiso en la población y, por ende, austeridad en el consumo. Esto no significa perder comodidades actuales, solo deberíamos pensar antes de comprar y, por ejemplo, no hacer envolver un pequeño regalo con una cantidad gigantesca de plástico y papel, o comprar responsablemente alimentos perecederos para no tener que tirarlos o tratar de reusar todos los objetos que se pueda mientras nos brinden el servicio requerido. También, desde el punto de vista comercial/industrial, algunos ejemplos y acciones podrían ser: tratar de usar materiales reciclables toda las veces que se pueda y no combinarlos entre ellos, optimizar el diseño de piezas para que den la misma prestación con menor cantidad de material, servir porciones razonables en los restaurantes para evitar el desecho indiscriminado de comida, etc.

La minimización en la producción de residuos es el primer paso, sin lugar a dudas. Ahora bien, ¿qué hacemos con los residuos que inevitablemente se producen? La respuesta más adecuada parece ser la generación de un sistema de gestión integral de RSU tendiente a minimizar la cantidad de basura que enviamos a disposición final en relleno sanitario. Este tipo de sistema no es generalizable y para su selección y adecuación debe conocerse la cantidad y calidad de residuos con los que se cuenta. En función de ello, se debería seleccionar la estrategia de gestión del RSU que mejor lo valorice. Por ejemplo, en el caso de los residuos orgánicos, aunque son biodegradables, la alternativa de minimizar su introducción a la tierra y obtener valor de ellos es muy atractiva. En tal caso, podrán utilizarse los sistemas típicos de compostaje y/u obtención de biogás. En el caso de materiales tales como vidrio, metales, plásticos y papeles, las mejores alternativas son las de reciclado mecánico, energético y químico. Este sistema debe involucrar a diferentes actores de la sociedad para tener un buen diseño, promoción y control. Así  entonces, deberían generarse grupos multidisciplinarios con gobernantes, políticos, educadores, líderes, economistas, empresarios, comunicadores, ONGs, etc., de modo de que se involucre a toda la sociedad. Es fundamental la participación de todos y de cada uno de nosotros que formamos la sociedad. Los esfuerzos sectoriales solos no logran el cambio. Todos los actores son importantes.

Ningún sistema es generalizable y/o económicamente óptimo. La selección de uno o más tipos de valorización, sistemas de recolección y disposición constituye el core del sistema global de gestión de residuos sólidos urbanos. Sin embargo, no debemos perder de vista que la gestión integral de los residuos que una sociedad genera será posible en la medida que sus ciudadanos tomen conciencia de la magnitud del problema, se comprometan con la preservación racional del medio ambiente y sean austeros en el consumo. Trabajando mancomunadamente en ese sentido, reduciendo, reusando y reciclando, se logrará minimizar la cantidad de basura que incorporamos diariamente al planeta y pensar en un futuro ambientalmente más promisorio para las próximas generaciones.

 

La Dra. Silvia Barbosa es Investigadora Independiente del CONICET en la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI) y Profesora Adjunta en la Universidad Nacional del Sur .

 
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