| Mi experiencia en Harvard |
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Un viaje de estudio, tanto de grado como de postgrado, es la experiencia más enriquecedora que puede tener un estudiante o un investigador. La pasantía que les comentaré la construí desde mis expectativas más profundas. En efecto, por mi formación en la conservación de la naturaleza y en la biología de la biodiversidad, y además por mi tema de doctorado, decidí buscar un grupo de investigación que trabajara en temáticas acordes. Este cruce de intereses, sumado a la excelencia académica y cierta familiaridad con el país, me condujo al proyecto que considera los experimentos del “calentamiento de hormigas” (ant-warming experiments), que se desarrolla en Harvard Forest, dependiente de la Universidad de Harvard. Harvard Forest es una reserva natural y centro de investigación y educación de biología y conservación forestal creado en 1907. Se trata de una de las reservas más antiguas y más intensamente estudiadas de Estados Unidos. Además, desde hace unos años se ha incorporado como uno de los puntos de investigación ecológica a largo plazo (Long Term Ecological Research - LTER), que es un marco donde se agrupan investigaciones comparativas y duraderas en el tiempo. El Centro cuenta con equipamiento para experimentos relacionados con el cambio climático, y allí se aborda el tópico “calentamiento global” en un proyecto de gran envergadura y tiempo de funcionamiento. Hace más de 15 años que se estudian los efectos del aumento de la temperatura sobre los ecosistemas. Sin embargo, el proyecto sobre los efectos en hormigas, en el que participé, se encuentra en las etapas iniciales. Con la finalidad de manifestar mi interés en este último tema, tomé contacto con el Dr. Aaron Ellison, director del experimento de “calentamiento de hormigas”. Rápidamente me abrió las puertas de su grupo de investigación y al experimento propiamente dicho, y me facilitó el acceso a fuentes de financiación para desarrollar una pasantía de 45 días. Aprovecho este espacio para agradecer públicamente a la Fundación Williams, con sede en nuestro país, que financia el transporte para eventos o pasantías en temas ambientales y que, con su ayuda, me permitió concretar la experiencia. Fue entonces por mayo del año en curso que llegué a Boston, recorrí unos kilómetros en tren hasta Fitchburg, un pueblo ubicado en el centro del Estado de Massachusetts cercano al centro de investigación. Allí me recibió un integrante del grupo de investigación y me ayudaron a instalar en Harvard Forest, en un departamento a escasos metros de las dependencias académicas. También se me proporcionó una oficina para poder trabajar con comodidad. Poco a poco fui conociendo a todos los integrantes del laboratorio y también de la universidad debido que es una dependencia pequeña y todos se tratan como en una gran familia. Rodeado de un hermoso bosque templado y de varios lagos que sirven de reservorio para la ciudad de Boston, no podía menos que trabajar responsablemente para retribuir tanta amabilidad y buena disposición. En principio, me interioricé sobre las características del experimento y el grupo accedió a mi solicitud de realizar tareas en todas las etapas del proyecto, contemporáneas de aquellos meses, es decir, en la construcción e instalación de cámaras de calentamiento, en la medición de efectos del calentamiento sobre hormigas, en el análisis estadístico de los primeros datos, y también participé en la propuesta de nuevas hipótesis a resolver. Mi intención era poder contar con una visión global de los experimentos y luego considerar la posibilidad de replicarlos en Argentina. El experimento para evaluar patrones y procesos de la comunidad de hormigas bajo calentamiento consta de tres ensayos. El más importante utiliza un sistema de cámaras de calentamiento a cielo abierto con forzadores de aire caliente, que tienen la capacidad de calentar y mantener la temperatura del aire a 2, 4, 6, y 8 °C por sobre la temperatura ambiente. En dichas cámaras se estudia la respuesta de las especies de hormigas en cuanto a actividad y abundancia, entre otras cosas. Otro ensayo mide las mismas variables pero el calentamiento es pasivo, es decir, para un efecto invernadero simulado con una cubierta de nylon. Por otro lado, se mantienen hormigueros artificiales en condiciones controladas y se les suministra calor. Aquí, a diferencia de los otros ensayos, se mide la actividad metabólica, como ser tasa de forrajeo y capacidad reproductiva, en respuesta a los efectos del calentamiento. Los resultados esperados varían de acuerdo con las especies estudiadas y es previsible que algunas resulten favorecidas por este disturbio y otras no tanto. Por ejemplo, entre las especies de los trópicos que ya están en ambientes de altas temperaturas y que además no evolucionaron con climas cambiantes, habría algunas más vulnerables que pueden resultar perjudicadas hasta su posible extinción. Otra de las actividades que realicé durante mi permanencia en Harvard Forest consistió en la colección de hormigas de la región —Nueva Inglaterra—, contribuyendo así con las colecciones de la misma dependencia y del Museo de Zoología Comparativa de la Universidad de Harvard. Compartí parte de estas jornadas con uno de los curadores de dicho museo, el Dr. Gary Alpert, co-autor del catálogo “Hormigas del Mundo” (Bolton, B., G. Alpert, P. S. Ward & P. Naskrecki. 2007. Bolton’s Catalogue of Ants of the World: 1758-2005. Harvard University Press) que comparte la curadoría de la colección de hormigas con el célebre biólogo E.O. Wilson. También pude recorrer los increíbles Museos de Historia Natural de Harvard y de Nueva York, ambos de tal magnitud que no permitieron que pudiera hacer una visita en detalle en las pocas horas que disponía. Fueron entonces 45 días intensos de aprendizaje y de trabajo con un grupo que desarrolla líneas de investigación en la frontera del conocimiento sobre calentamiento global. Se espera que estas líneas ayuden a una mayor comprensión de la ecología de hormigas en condiciones de altas temperaturas, posible escenario mundial, según el último informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC-ONU), que menciona un aumento entre 2 °C y 4 °C para las próximas décadas. Si esto sucediera, la información de base será vital para la mitigación de las problemáticas que puedan resultar, por ejemplo, en el aumento de plagas o bien en el perjuicio de artrópodos benéficos para los ecosistemas y hasta para producciones agrícolas. Mi percepción personal es, a la vuelta de todo esto, que la investigación colaborativa entre investigadores de distintos países que comparten ideas y enfoques funciona también como disparador para iniciar líneas de investigación novedosas y es una de las formas de promoción del avance de la ciencia. Lic. Rodrigo Tizón El autor es becario del CONICET con lugar de trabajo en el CERZOS (CONICET Bahía Blanca) y miembro activo de TELLUS (ONG conservacionista), donde desarrolla tareas de editor de la revista BioScriba. |
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