| El Despertar del Posgrado en Ingeniería Química en la UNS |
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Puede decirse que nuestro primer paso, y muy importante, hacia el establecimiento de un programa de posgrado en Ingeniería Química en la Universidad Nacional del Sur, fue la instrumentación en 1963 del trabajo final como requisito para la obtención del grado universitario correspondiente. El objetivo de dicho trabajo era indagar distintos fenómenos a través de la experimentación y la aplicación del método científico. Cabe señalar los principales temas de esa época: sulfonación y transferencia de calor en films rotatorios generados por vibración; transferencia de masa en columnas rellenas (absorción); equilibrio entre fases del CO2 con soluciones de monoetanolamina; secado de manzanas; condensación de vapor en jets; etc. Para los estudiantes resultaba un período de aproximadamente un año dedicado al montaje de un equipo, al análisis de la bibliografía, a la experimentación. Los primeros plantígrados (como solíamos llamarnos) nos formamos en ese clima y con esa base comenzamos a pensar en una mayor capacitación en el exterior. Para los que seguían una carrera profesional, se les brindaba una experiencia única en el sentido de cómo unir el conocimiento con la realidad y cómo conducir un fenómeno físico e interpretarlo. Asimismo la experiencia se convertía en un laboratorio de análisis del desempeño de los estudiantes y se podía intuir mucho mejor cuáles eran sus mejores cualidades para su futuro desarrollo. Sin embargo el trabajo final alargaba en un año la obtención del título y en el inicio de la problemática década de 1970 comenzó a gestarse una campaña por su eliminación, que alcanzó su pico en 1973. Visto el clima reinante, ya el año anterior habíamos dispuesto su eliminación. En esto incidió no sólo la presión estudiantil, sino el hecho de que, al contar con un cupo de becas del CONICET, a partir de la firma del convenio de constitución del PLAPIQUI como uno de sus Institutos, podíamos incorporar a los proyectos de investigación a estudiantes con una mayor vocación por la investigación y el desarrollo. Esta decisión, en el fondo fue perjudicial para los estudiantes, pero dada la situación de extrema gravedad y conflictividad de esa época, éste era un detalle imperceptible. En ese período, desaparecieron muchos estudiantes de nuestra carrera y otros, después de varios años de detención, volvieron a estudiar. El plan de estudios de Ingeniería Química a mediados de la década del 70 necesitaba una reforma, pero el trámite nunca llegó a concretarse a través del Departamento de Química e Ingeniería Química. Para entonces (1978) Enrique Vallés ya había regresado con un doctorado obtenido en la Universidad de Minnesota y al mismo tiempo el Programa de Investigación y Desarrollo del Complejo Petroquímico Bahía Blanca (PIDCOP), con el auspicio de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), nos permitía contar con profesores de primer nivel internacional. Otros miembros con doctorados obtenidos en el exterior se sumarían posteriormente: en 1978 inician estudios doctorales Armando Rouco en Yale, Daniel Damiani en Northwestern, José Romagnoli y Raúl Caretta en Minnesota. Al poco tiempo Roberto Echarte y Susana Bottini también inician estudios doctorales en Inglaterra. Por otra parte Enrique Rotstein, cuando renuncia como Director del PLAPIQUI en 1975, se instala en Inglaterra para hacer un doctorado en el Imperial College. Con este potencial, no era difícil animarse a poner en vigencia un artículo del Convenio UNS-CONICET de creación del PLAPIQUI, que nos daba la responsabilidad de poner en marcha los estudios de posgrado de la especialidad. Es así que en diciembre de 1978, en forma algo imperativa decidimos unilateralmente poner en marcha el Magister en Ingeniería Química, fijando un ambicioso plan de 6 cursos de posgrado para su concreción y la realización de un trabajo de investigación. Para nosotros era volver a tener un "trabajo final" pero ahora con ... diploma!. Dentro de nuestras responsabilidades funcionales Enrique Vallés se hizo cargo de supervisar las actividades de posgrado que se iniciaron formalmente en 1979. En ese año hicimos un concurso a nivel nacional de becarios para la realización de estudios de posgrado y se inscribieron una docena de aspirantes provenientes de distintos lugares del país y de nuestra ciudad. Los profesores visitantes al principio eran mayoría en el dictado de los cursos de posgrado y es así que pudimos tener, gracias al "colegio invisible", un cuadro de profesores de nivel excepcional:
por citar sólo algunos de ellos. Puede decirse que estas camadas de becarios tuvieron una oportunidad única de contar con los más calificados profesores a nivel mundial que pueda imaginarse en un solo lugar. Con el regreso de parte de nuestros propios doctores, el programa fue incorporando como docentes en sus cursos a José Romagnoli, Armando Rouco, Daniel Damiani, Susana Bottini, etc. etc. y así pudimos darle continuidad al proyecto, más allá de las excepcionales facilidades de financiación con que contamos, no sólo por parte del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), sino también a través del Programa BID-CONICET para el desarrollo de sus Centros Regionales de Bahía Blanca, Mendoza, Puerto Madryn y Santa Fe. Es importante destacar que en estos instrumentos de financiación nuestro diseño fue siempre aproximadamente el siguiente: 1/3 destinado a la contratación de expertos internacionales, 1/3 a solventar becas y el resto a adquirir equipamiento. Este buen clima de financiación permitió la llegada de numerosos pos-doct de universidades de primer nivel desde Holanda, Bélgica, Inglaterra y Australia. Para mediados de la década del 80 el PLAPIQUI había invertido más de 4000 meses hombre de capacitación externa!!!!. Por supuesto, dadas las variables circunstancias reinantes, un porcentaje significativo de los becarios o no regresó nunca o lo hizo por un período corto antes de radicarse definitivamente en el exterior. Pero es un riesgo que hay que correr. La gran ventaja de instrumentar el doctorado localmente fue disminuir en gran medida el éxodo de personal calificado, y por otra parte, un logro fundamental del posgrado fue evitar que la pérdida de investigadores formados dejara sin continuidad líneas de trabajo de importancia para el Instituto. Podemos decir que el posgrado fue la estructura que permitió sobreponernos a importantes bajas en el personal científico del PLAPIQUI y asegurar su continuidad académica. El 2009, año en que celebramos los primeros 30 años de la iniciación del posgrado, nos encuentra con un programa consolidado, de relevancia nacional e internacional. Muchos de los egresados son investigadores formados y profesionales de prestigio que se han incorporado al PLAPIQUI o que cumplen importantes funciones, tanto en la industria como en universidades e institutos de investigación del país y del exterior. Hasta la fecha han completado sus estudios de posgrado en PLAPIQUI 49 Magisters y 98 Doctores en Ingeniería Química, a los que se suman 33 graduados en otras disciplinas, tales como Ciencia y Tecnología de los Alimentos, Química, Ciencia y Tecnología de los Materiales, Ciencias de la Computación, Control de Sistemas y Física. Desde 1963, con planes de mediano y largo plazo se cimentó la educación de pregrado en Ingeniería Química, y sobre estas bases y sobre líneas científico tecnológicas prioritarias se edificó la estructura del posgrado, la investigación-desarrollo y la transferencia. La experiencia de todos estos años nos muestra con claridad que la actividad del posgrado garantiza la permanencia, actualización y futuro de nuestros objetivos e ideales. Extraído del trabajo “La Invención del PLAPIQUI-PIDCOP. Historia de una Experiencia en Ciencia y Tecnología" Por el Dr. Esteban A. Brignole – PLAPIQUI
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