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PLAPIQUI. Los referentes científicos del sector productivo

Uno de los institutos del CONICET Bahía Blanca desarrolla líneas de investigación de Ingeniería Química a partir de las cuales brinda asistencia técnica a múltiples industrias.

Desde la baquelita, la primera sustancia plástica totalmente artificial, creada en 1907, el desarrollo de polímeros sintéticos se ha extendido hasta dar lugar a múltiples materiales de la vida cotidiana, como los plásticos, las fibras o los adhesivos. Definidos como la unión de miles de moléculas pequeñas llamadas monómeros, los polímeros han alcanzado tantas propiedades que sus aplicaciones se extienden a sectores diversos como embalaje, transporte, biomedicina, construcción, y más. Tantos, que es difícil imaginar la vida sin ellos; la pasta blanca de un simple arreglo dental también lo es.

En este sentido, la complejización de la industria ha ido de la mano de la investigación para resolver cuestiones atinentes al desarrollo y la producción. Y aquí aparece en escena el aporte de la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI, CONICET-UNS), en Bahía Blanca, líder regional en el estudio de materiales y procesos, y conocida por brindar asistencia técnica al sector. Hasta la actualidad, se ha vinculado con más de 400 empresas, algunas del exterior.

Integrado por unas cuarenta personas entre investigadores, becarios, profesionales y técnicos, el área de polímeros de PLAPIQUI es una de las más destacadas. Allí se estudia la síntesis, caracterización, modificación y propiedades de estos compuestos con la expectativa de mejorar o aumentar su valor agregado.

"Las primeras investigaciones fueron sobre los procesos de polimerización en sí mismos, es decir, cómo se producen los materiales, y para eso viajaron algunos becarios al exterior", relata Adriana Brandolin, investigadora del CONICET y directora de PLAPIQUI, acerca de los orígenes de un equipo que se creó a fines de los '60 para acompañar a las industrias que se instalaban en la zona.

Dra. Adriana Brandolin, Maria Ofelia Garcia y Dra. Graciela Goizueta
Dra. Graciela Goizueta

Con el tiempo, las líneas se fueron ampliando y pronto surgieron otras como materiales compuestos en la industria automotriz, hidrogeles para lentes de contacto, reciclado plástico, o nanocompuestos para aplicaciones en óptica y electrónica. En los '90 también se iniciaron desarrollos en el área de películas para envases que posicionaron a PLAPIQUI como referente del sector de packaging de alimentos.

"Hoy la demanda tiene que ver principalmente con fallas en el envase, su aspecto, o la impresión de la marca, y también con problemas de contaminación, por ejemplo, la entrada de humedad en un alimento. Es frecuente que las empresas quieran ampliar el mercado o innovar y necesitan asesoramiento para someter los materiales a distintos procesos y probar su resistencia, permeabilidad, y otras propiedades", cuenta Graciela Goizueta, ingeniera del equipo de polímeros.

"Trabajamos con películas plásticas, recipientes, y muchos otros envases que parecen metálicos, pero que llevan una combinación con papel y aluminio fundido con adhesivos, por ejemplo", señala la especialista, y cuenta que la mecánica de trabajo consiste en empaparse de los adelantos y nuevos procedimientos para desarrollar metodologías novedosas con las cuales brindar asesoramiento.

Así, por ejemplo, los expertos se meten de lleno a investigar todo lo relacionado con la producción de un envase para darle características predeterminadas. "En uno de los proyectos estamos intentando incorporar al material del silo bolsa la capacidad de repelencia a alimañas", señala Silvia Barbosa, investigadora del CONICET.

En cuanto a la asistencia técnica, a los equipos del instituto los enorgullece la confianza que han cosechado en los diversos mercados. "A veces hay controversia entre quien produce un material y el que imprime la tinta, o con un cliente. Y lo curioso es que de ambas partes nos convocan a nosotros para dirimir la cuestión, porque saben que tendremos una respuesta imparcial", relata Goizueta.

Una trayectoria marcada por la transmisión de conocimientos

El año que viene PLAPIQUI cumplirá 50 años. La transferencia de conocimiento y tecnología comenzó en la década del '70, y el puntapié inicial fue la instalación del Polo Petroquímico en la zona portuaria de Bahía Blanca, que trajo muchas empresas que necesitarían apoyo para sus actividades.

"Surgió la idea de aprovechar las capacidades e infraestructura de este instituto para llevar a cabo ese apoyo técnico al sector", señala María Ofelia García, ingeniera dedicada a la parte de vinculación. Y agrega: "Está todo interconectado. La actividad de investigación nos dá la capacidad técnica para resolver un problema de la industria, y esta a su vez, nos abre el panorama respecto de hacia dónde dirigir la investigación y docencia."

Con el tiempo, la transferencia se fue ampliando hacia otros rubros fuera de la petroquímica. Aunque polímeros es una de las áreas más fuertes, hay grupos dedicados a la ingeniería de sistemas de procesos, termodinámica, tecnología de partículas, ingeniería de alimentos y más. "Nuestra premisa buscar no solo el 'por qué' de lo que hacemos, sino también el 'para qué', haciendo cosas que interesen al sector productivo para lograr transferirlas", concluye García.

 

La autora es Mercedes Benialgo, periodista de la Dirección de Comunicación del CONICET sede central.

 
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